martes, 28 de abril de 2026

Roger de Lauria, Almirante de Aragon ( 13ª parte)

 


Viene de aquí :

 Tras la batalla de Tagliacozzo, Carlos de Anjou no  había perdido el tiempo en afianzar su autoridad sobre el norte y el centro de Italia, al tiempo que consolidaba su control sobre el Reino de Sicilia.

 La ​​clemencia que había empleado tras la batalla de Benevento, para ganarse a los disidentes, había quedado olvidada, y comenzó a deshacerse de sus rivales mediante una combinación de represalias despiadadas y represión implacable.

 Comenzó por aprovechar la oportunidad para tomar varios cargos administrativos clave. El 12 de septiembre de 1268, apenas tres semanas después de su victoria en Tagliacozzo, Carlos escribia a su hermano, el rey Luis IX, para informarle de que los ciudadanos de Roma lo habían elegido senador vitalicio por aclamación unánime. Y el papa Clemente IV, poco antes de su muerte en Viterbo el 29 de noviembre, lo había nombrado vicario imperial para Toscana. Además, los vacíos de poder temporales tanto en la curia papal como en la corte del Sacro Imperio Romano Germánico significaban que Anjou ostentaba un poder indiscutible en la península itálica.

 

 Carlos se dispuso a hacer buen uso de esos nombramientos recién adquiridos , y, finales de septiembre, se encontraba en Roma estableciendo una dictadura angevina que controlaba prácticamente todos los aspectos de la administración de la ciudad.

 Utilizó su vicariato imperial para eliminar la oposición en Toscana, nombrando a Jean Bitaud como su representante en la región. Este último condujo a los güelfos florentinos a la victoria sobre los sieneses en Colle di Val d’Elsa el 17 de junio de 1269, lo que provocó la rendición de Siena en agosto del año siguiente. 

 

  Una alianza  temporal de Anjou con Génova había aislado a Pisa y la había obligado a suplicar la paz en la primavera de 1270. En cuanto al norte de Italia, la mayoría del Piamonte se sometió voluntariamente a él, pero Lombardía se mantuvo resistente, en particular las ciudades gibelinas de Pavía y Verona.

Si bien la mayoría de los señores y municipios de Lombardía se oponían a la dominación angevina, eran firmemente güelfos, y Carlos de Anjou se contentó con nombrar un senescal para representar sus intereses en la provincia.

Anjou dedico la mayoría de su esfuerzo al sur de la península itálica y Sicilia.

  Los restos de los rebeldes gibelinos habían buscado refugio con los sarracenos de Lucera, que aún estaban en rebelión. El propio Carlos sitió la ciudad en abril de 1269, y para el 28 de agosto la había sometido por hambre.

 

  A los habitantes musulmanes se les mostró clemencia, pero fueron dispersados ​​por todo el Reino. Pero los rebeldes gibelinos cristianos fueron ejecutados sumariamente. Las ciudades y pueblos restantes de Apulia y Basilicata pronto juraron lealtad a Anjou nuevamente.

 Carlos trató a los insurgentes sicilianos con mayor severidad. Inicialmente, envió a Felipe y Guido de Montfort para reforzar a Tomás de Coucy, cuyas tropas se habían visto confinadas principalmente a Messina y Palermo debido a la rebelión.

Esto permitió a los angevinos salir de sus guarniciones y llevar la lucha a los rebeldes. La represión de la insurrección no comenzó en serio, sin embargo, hasta el nombramiento de Guillaume L’Étendard en agosto de 1269 como vicario de Anjou en la isla.

El historiador italiano Saba Malaspina describe a Guillaume L’Étendard  como “más cruel que la crueldad misma… despreciando toda piedad y misericordia”.

 

  Bajo su mando despiadado, los angevinos sofocaron rápidamente la revuelta con una campaña brutal e implacable de asedio y saqueo. El infante Federico de Castilla y Federico de Lancia fueron acorralados en Girgenti (actual Agrigento) y obligados a rendirse , con la condición de que se les diera salvoconducto a Túnez.

  El grueso del ejército rebelde fue posteriormente asediado en Sciacca, que finalmente se vio obligada a capitular. Su comandante, Conrad Capece, escapó al castillo de Centuripe (al oeste de Catania), pero pronto fue capturado allí.  L’Étendard ordeno sacarle los ojos antes de ahorcarlo. Sus hermanos, Marino y Giacomo, vivieron solo el tiempo suficiente para ser transportados a Nápoles, donde fueron decapitados públicamente.

 

  La culminación de la campaña fue el brutal saqueo de Augusta (una ciudad portuaria entre Catania y Siracusa, en la costa jónica) en agosto de 1270 y la posterior masacre de sus ciudadanos.

 No se salvó ni un alma.  Malaspina describió la atrocidad con detalles espeluznantes: “El cruel verdugo arrojó cabezas y torsos sobre la arena, apilándolos en la orilla del mar”. Unos quince años después del suceso, el cronista afirmó que la ciudad, “privada de sus habitantes hasta el día de hoy, permanece completamente cubierta de maleza e inservible.”

 Aunque crueles y salvajes, los métodos de L’Étendard resultaron eficaces, y la rebelión decayó rápidamente  . Pero  la desaparición de Augusta fue una atrocidad que los ciudadanos de Sicilia no iban a olvidar.

 

 Por muy repugnante que resultara para los regnicoli (ciudadanos del Regno de Sicilia) la represión de la revuelta, fue la draconiana imposición de un régimen administrativo angevino lo que más los enajenaba.

 Una vez capturados, los rebeldes eran exiliados o ejecutados, y sus propiedades eran rápidamente confiscadas y entregadas a franceses o aliados güelfos.

  Asi, unos 700 aristócratas franceses y provenzales se convirtieron en señores de territorios tanto en el sur de Italia como en Sicilia. Estos nuevos nobles se  convirtieron en el baluarte del nuevo régimen, ocupando los principales cargos en la administración central y en el ejército real. Por ejemplo, los funcionarios, que supervisaban el gobierno de cada provincia, eran casi todos franceses.  De hecho, por insistencia del rey, la lengua franca de la curia real de Sicilia pasó a ser el francés.

 En consecuencia, una burocracia angevina prepotente pronto suplantó la jerarquía Hohenstaufen existente, mientras que las prácticas regulatorias angevinas se superpusieron a  las normas del gobierno anterior.

 Se implementaron nuevos estatutos e impuestos junto con los antiguos con un rigor inflexible, al que los sicilianos, en particular, no estaban acostumbrados. Carlos fue meticuloso en su aplicación.

Pagando la renta.
 

 Lo que más irritaba a los ciudadanos de Sicilia,, era la imposición de una gravosa y rígida obligación tributaria a una población que se beneficiaba poco de los ingresos resultantes.

Un ejemplo emblemático fue la reinstauración, en diciembre de 1266, con carácter anual, de la onerosa subventio generalis , un impuesto directo sobre la propiedad diseñado para hacer frente a las necesidades del reino,  que el emperador Federico II había abolido en su lecho de muerte a petición del papa.

  Carlos de Anjou fijaba la suma total requerida cada año y luego encargaba a los once administradores de justicia provinciales su recaudación por la fuerza armada, si era necesario.

Impuestos, esquilmando al ciudadano en todas las epocas, en todos los lugares.

 

(Continuara…)

martes, 21 de abril de 2026

Agripa, la mano derecha de Augusto ( 31ª parte )

 

Panteon segun Giovanni Battista Pinaresi.

Viene de aquí :

  Pons Agrippae, el puente de Agripa, no se concluyó hasta que fueron terminadas todas las obras  arquitectónicas de la zona, ya que el rio Tíber fue utilizado para el transporte de las vastas cantidades de material necesario, que se descargaba en la orilla oriental del rio antes de ser distribuidas por las diferentes zonas de construcción.


https://www.digitalaugustanrome.org/records/pons-agrippae/ 

  Mientras se llevaban a cabo las obras en el Campo de  Marte, Agripa se dedicó a embellecer la ciudad, corriendo con los gastos.

  En el año 26 a..c, construyo la Saepta, cumpliendo así el sueño de Julio Cesar, que ya en el año 54 a.c. había previsto sustituir el antiguo edificio Ovile ( corral de ovejas, como era afectuosamente conocido por los ciudadanos de  Roma, llamado así quizás por que allí se celebraban las votaciones en las comitia tributa.

  El triunviro Lepido había comenzado a trabajar en la reforma del edifico, pero tras caer en desgracia, Agripa se decidió a terminarlo. Al lado, Agripa construyó un largo salón, la basílica de Neptuno, de 45 metros de largo por 20 de ancho, aprox.  dedicada en honor a las victorias navales de Agripa y los otros almirantes de la república, salón que fue decorado con pinturas descriptivas de las aventuras de los Argonautas.

  Junto a la basílica, Agripa erigió un gimnasium al que llamo sudatorium laconium ( algo así como sala de sudoracion estilo espartano ), muy similar a la actual sauna finlandesa, donde el calor se trasmitía desde hornos bajo los suelos  a través de cañerías ocultas tras las paredes.

Sudatorium laconium en una villa romana en Liguria.
 

  Para proveer de agua fresca al complejo de baños, se necesitaba una fuente de agua constante, que hubo que buscar fuera de la ciudad, al este, en un terreno propiedad de Licinio Luculo. Parece que una jovencita indico a los soldados que buscaban la fuente de agua en donde podrian encontrarla, y Agripa decidió premiar a la joven  nombrando al acueducto que trasladaría el agua desde la fuente a  los baños Aqua Virgo.

Representacion  en la Fontana de Trevi de  como una joven muestra a los soldados el lugar en donde encontrarian la fuente 
 

 El último edificio al que Agripa presto atención durante ese periodo temporal era el más importante políticamente hablando, para el nuevo régimen.

  Se trataba del Panteón, un lugar sagrado para todos los dioses, no solo para los 12 dioses oficiales de la religión romana de la época.

 

  Cuando Agripa ofreció a Augusto Cesar colocar en el interior del Panteón una de sus estatuas, se negó, y Agripa coloco en su lugar una de Pulio Cesar. Para Augusto, en los inicios de su mandato, quizás era demasiado temprano auto-nombrarse una divinidad digna de ocupar un lado junto a los legendarios dioses de Roma.

  El panteón que construyó Agripa es uno de los mas más grande misterios de la antigüedad. El edifico que hoy es llamado así, en Roma, no es el que construyó Agripa, de hecho es la tercera versión, reconstruida por el emperador Adriano en el año 120 .

Planta del Panteon original.
 

  Una teoria propone que el edifico tenía forma de T y estaba encarado hacia el sur. El pronaos ( portico ) mediría unos 21 metros, mientras el edificio propiamente dicho mediría 43 metros por 20. Pero otra teoría afirma que el panteón estaria encarado hacia el norte, con una vista sin obstáculos del Mausoleo de Augusto, localizado  a 700 metros al norte del Campo de  Marte.

  Seguramente fue en esta época cuando Agripa dispuso la construcción de su propio lugar para el descanso terno, el sepulcrum o Aedes Agrippae.

  Su exacta localización  se desconoce, aunque pudiera haber estado justo al lado de  los baños de Agripa, en la actual Vía del Gesu, y habría sido construido con mármol de las canteras propiedad del propio Agripa situadas en Frigia.(actual Anatolia, aprox. )

  Mientras Agripa gastaba enormes sumas de su propio dinero para transformar la cara de Roma en honor de Augusto Cesar, otro conocido personaje comenzaba a disputar con Agripa los favores del priceps.

 Se trataba de Cayo Cilnio Mecenas, noble de rango ecuestre pero de linaje de poca alcurnia, básicamente un hombre de negocios, trabajador incansable que se permitía escasa diversión o vida social.

Busto de Mecenas, en Galway, Irlanda.
 

  Mientras Agripa había colaborado decisivamente para la victoria de Augusto, Mecenas había sido su representante  en Roma, trabajando incansablemente en tejer una red de adeptos política y económicamente poderosos para el nuevo cesar ( quizás tratando de  hacer olvidar rápidamente sus antiguas inclinaciones por la  faccion de  Marco Antonio).

  Mientras Agripa había puesto en pie flotas y ejércitos, Mecenas se había dedicado a reunir un grupo de  los mejores talentos de la literatura latina. Las palabras y la música iban a ser sus armas.

"Mecenas presentando los artistas a Augusto", obra de Giovanni Battista Tiepolo.
 

  Mientras sus amigos y asesores permanecian en Roma, Augusto se encontraba en el norte de Hispania, pelando con los belicosos habitantes de la región desde su base en Segisam0 ( actual Sasamon.en Burgos.

 

  Augusto esperaba que esa fuera la campaña definitiva para completar un larguísimo proceso para conquistar la totalidad de la península ibérica, un proceso que había dado comienzo en el año 218 a.c.. Las anteriores campañas romanas en Hispania habían sido dirigidas por competentes pero impacientes generales, pero las ganancias materiales y territoriales se habian conseguido a un alto precio y los beneficios económicos obtenidos habían sido decepcionantes.

  Los cónsules romanos preferían buscar la gloria militar y la fortuna personal en el este, donde la riqueza material esperaba a cualquier ambicioso general romano que allí podía conseguir, además de gloria militar ,un importante capital financiero y político, otorgándole un prestigio  entre sus iguales que le permitiría, una vez de vuelta en la capital romana, conseguir importantes puestos políticos y  un confortable retiro en alguna lujosa villa en la costa de Campania, por ejemplo.

 La última tierra que los hispanos defendían contra la influencia romana era de dos orgullosas tribus del norte, Astures y cantabri. Augusto  confiaba en que aquella campaña de conquista  en Hispania fuera la ultima para romper la resistencia, y llevo con él a su hijo Tiberio Claudio Nerón, de 18 años en aquel año 25 a.c., hijo de su esposa Livia, para que comenzara su carrera militar como tribunus militum.

  Los pueblos iberos habían demostrado estar sobradamente preparados para lidiar con las tropas romanas, legionarios  infantería pesada entrenada para combatir en orden cerrado en llanuras abiertas, obligados a luchar al estilo guerrillero en montañas y valles desconocidos.

  Entonces, a poco de llegar a Hispania, Augusto cayó enfermo, seguramente de tifus, según Dion Casio. Fue trasladado rápidamente a Tarraco, en la costa mediterránea, para que el benigno clima de la zona ayudara a su rápida recuperación.

Anfiteatro de Tarraco.
 

  Mientras, en Roma, la hija de 14 años de Augusto, Julia la Mayor, era entregada en matrimonio a su primo de 17 años, Claudio Marco Marcelo.

  Para entregar la mano de  su hija su futuro esposo, Augusto eligió a Agripa como enviado, y mientras permanecía recuperándose en Tarraco, nombro al legado Cayo Antistio Veto para dirigir las operaciones militares en el norte de Hispania, uno de los pocos romanos de rango consular al que se le dio la administracion de una provincia en plena campaña militar.

  Ya recuperado, Augusto regresaba a Roma a principios el año 24 a.c. Pero el susto que había causado su enfermedad habia puesto en marcha las murmuraciones y las quinielas de quien podría ser nombrado su sucesor.

  Las especulaciónes de los ciudadanos romanos pronto colocaron en primer lugar de la línea sucesoria a Claudio Marco Marcelo, la estrella  emergente dentro de la familia imperial.

(Continuara…)