miércoles, 4 de noviembre de 2026

Guerra en el Rif ; 1909-1927 ( 11ª parte )

 

El rey Alfonso XIII, apodado el "Africano", pasa revista a una unidad de cazadores en su acuartelamiento de Fuerte Camellos, Melilla.

Viene de aquí:

 En junio de 1910, el gobierno español fijó el contingente de la nueva Capitanía General de Melilla en 20.500 hombres ,todas tropas de línea, menos tres batallones de Cazadores de la 2.ª Brigada Mixta, que no habían sido repatriados a la península.

  El teniente general  Marina, muy criticado por la campaña anterior, fue sustituido por el general José García Aldave, que contaba con cierta experiencia ya que procedía del Gobierno Militar de Ceuta. 

General Jose Garcia Aldave, capitan general de Melilla.

 

  Las primeras acciones de  García Aldave consistieron en intentar llegar a las fronteras del Protectorado español antes que el avance francés hacia el oeste pudiera superarlas.

  Así, el recién ascendido general Larrea marchó para tomar la región de Ulad Settut, hasta alcanzar el puesto avanzado de Zaio el 15 de mayo, frente a la línea teórica francesa. La vanguardia, formada por un batallón del Regimiento de Melilla, era seguida por tres columnas de reserva: las del general Orozco, el coronel Astilleros, del Regimiento de San Fernando, y la del teniente coronel Bermúdez Dorado.

  Por su parte, El Mizzián se reunió con el general español y le prometió su apoyo, pero el guerrero rebelde desapareció muy pronto.

 García Aldave tuvo entonces que dirigir su atención hacia el este, al río Kert, ya que El Mizzián había convencido a Hach Amar de M'talsa, en la fuente del Kert, al suroeste de Melilla, para que se uniera a la jihad contra España.

 La cercana cabila de Beni Bu Yahu, justo al sur del monte Gurugu y colindante con la sometida cabila Beni Bu Ifrur del exiliado El Mizzián, también se uniría a la guerra santa. A estas cabilas pronto se unirian las del Rif central, al otro lado del río Kert: Temsaman, Beni Urriaguel (el más belicoso y el segundo más poblado del Rif, con unos 65.000 habitantes) y Bocoya. 

 

 En cuanto a su armamento, se sabía que a finales de 1909 un barco holandés había introducido de contrabando un cargamento de 8.000 rifles, 1.000 revólveres y un millón de cartuchos, un buen indicio de la fuerza potencial de los rebeldes. 

 

 Las cabilas de Beni Bu Gafar y Beni Sedil, en la margen oriental del Kert, empezaron a ser hostigadas por los rebeldes, por lo que pidieron protección a los españoles.

 Para impedir que estas fuerzas  rebeldes cruzaran el Kert, García Aldave envió dos columnas río arriba. Una columna se dirigió de norte a sur, a Yanazen, perteneciente a la cabila Beni Bu Gafar, junto al mar. La otra columna partió de Atlaten, en Beni Sidel, al sur del Gurugu

  Ambas columnas marcharon hacia el norte, y llegaban el 23 de mayo de 1911 a Ras Medua, a pocos kilómetros del Kert. La segunda columna estaba formada por una vanguardia de la Policía Indígena al mando del teniente coronel Salazar Saporta, seguida por fuerzas al mando del coronel Aizpuru, el teniente coronel Vallejo Vidal y, más atrás, la reserva al mando del general Orozco. 

Columna del coronel Aizpuru, marchando hacia el Kert. 
 

  Tras una  semana de escaramuzas con los rebeldes , los tropas españolas ocupaban Tauriat Zag, un poco más al sur, el monte Harcha el 3 de junio, y el 1 de agosto se desplazaron cerca de las fuentes del Kert.

  El avance sometió toda la zona para España casi sin combates, aunque los expedicionarios contaron con el apoyo de los harkas locales que estaban agrupados en Zoco el Hach: los de Beni Sicar, bajo el mando de Abd el Kader (antiguo rebelde contra España en 1909), Beni Bu Gafar, Buhe y Beni Sidel, bajo el mando de otro Mizzián , este partidario de España.

  El 20 de junio el gobierno español creaba las primeras fuerzas regulares compuestas por soldados rifeños, que serían utilizadas como fuerza de choque, ya que conocían mejor el terreno y la población. De paso, esto mejoraría la imagen pública de la guerra, ya que las bajas se distribuirían de manera más uniforme y llegarían menos ataúdes a los puertos de España. 

 

  Así se crearon las Fuerzas Regulares Indígenas, una fuerza mixta de infantería y caballería de 900 soldados marroquíes (incluidos 99 jinetes) al mando del teniente coronel Dámaso Berenguer, quien más tarde formaría el 1.er Tabor de Melilla.

Tte. Coronel Damaso Berenguer, sentado en el centro, rodeado de parte de la oficialidad del 1er Tabor de Regulares de Melilla.
 

  Pero la situación de ocupación pacífica no tardó mucho en desaparecer: el 24 de agosto, un grupo de ingenieros escoltados por dos compañías del Regimiento de África que cartografiaban el terreno cerca de Ishafen se vieron obligados a huir por los rifeños. Sufrieron cuatro muertos, dos de ellos decapitados, cuyas cabezas fueron exhibidas en estacas.

  Los rebeldes estaban formados por unos 500 guerreros de Hach Amar de las cabilas de M'talsa, Beni Bu Yahi y Beni Said, todos ellos procedentes del otro lado del río Kert, o al sur del mismo, en sus nacientes.

 El 29 de agosto, el general García Aldave envió una columna de castigo de 4.000 soldados al mando del general Larrea, la 1.ª Semi Brigada de la 2.ª Brigada Mixta de Cazadores, con aliados cabileños de Beni Sidel, Mazuza, Beni Bu Gafar, Beni Bu Ifrur y Beni Sicar, al mando de Abd el-Kader.

  Estas fuerzas retomaron Ishafen, recuperando asi el curso medio del Kert, mientras que las harkas  aliadas y el Batallón de Cataluña cruzaron el río y saquearon las poblaciones vecinas en represalia.

  Tras un par de días de incursiones, las harkas aliadas regresaron a sus territorios. El 2 de septiembre, los españoles dejaron dos puestos de guardia en las colinas de Talusit y regresaron a sus campamentos en Tauriat Zag.

  Ambos puestos de guardia en Talusit fueron atacados en repetidas ocasiones, y en la noche del 6 de marzo, el Harka de Hach Amar cruzó el Kert, y unos cientos de jinetes de M'talsa y Beni Bu Yahi intentaron tomar Imarufen, al sur de Talusit, en el centro de la línea española.

 

 Sin embargo, las tropas montadas de la 2.ª Brigada de Taxdirt de la División Melilla y la Policía Indígena avanzaron y lograron ocupar la ciudad antes que los rifeños, apoyados por tropas de la 1.ª Brigada (cuatro compañías de Ceriñola y San Fernando), así como por una Harka aliada.

  Al sureste, el general Orozco avanzó con su Brigada de Cazadores de Yadumen, envolviendo el flanco derecho de los rifeños al atacar Imarufen, y finalmente derrotándolos.

 Los españoles tuvieron 40 bajas, pero Hach Amar perdió la mitad de sus tropas en este ataque envolvente, obligándolos a regresar para cruzar el río nuevamente.

 Entonces, García Aldave ordenó que se dejaran guarniciones en Imarufen e Ishafen, que dominaban el norte y el sur de las colinas de Talusit, respectivamente. Sintiéndose seguro, ordenó el abandono de los puestos de guardia en Talusit, que los rebeldes rifeños no tardarían en reocupar.

Cañon Schneider de 75 mm.

 

(Continuara…)

viernes, 30 de octubre de 2026

Roger de Lauria, Almirante de Aragon ( 20ª parte)

 


Viene de aquí :

  Sin esperar la respuesta  de Carlos de Anjou a su ultimátum, el rey Pedro partió con la mayor parte de su ejército  ya reunido, marchando por Nicosia y Troina , mientras su flota navegaba hacia el este a lo largo de la costa norte, en dirección al estrecho de Mesina, para cortar las comunicaciones de Anjou con Calabria .

  Previamente había enviado mensajeros, ordenando a todos los demás reclutas que se reunieran con él en Randazzo (en las laderas septentrionales del Etna, a unos 65 km al suroeste de Messina). 

 

  El rey Pedro ordenó a una vanguardia que avanzara y reforzara la ciudad durante la noche. Estaba compuesto por 500 ballesteros de las Baleares, liderados por los exiliados sicilianos Niccola di Palizzi y Andrea da Procida, además de un contingente de unos 2.000 almogávares.

 Los almogávares eran considerados la mejor infantería ligera de la Europa del siglo XIII. Descendientes de robustos pastores de las montañas de Aragón y Cataluña, estos curtidos guerreros fronterizos sobrevivían saqueando las regiones fronterizas mudéjares (musulmanas ibéricas) de Castilla y Valencia. Ligeramente armados y sin armadura, confiaban en su rapidez y agilidad para derrotar a sus adversarios.

"Almogavars", obra de Omar Samy.
 

  Atacaban con rapidez y en silencio, sin previo aviso, a menudo de noche, a través de terrenos accidentados. Esto los hacía temidos y a la vez intrépidos, y ni siquiera la caballeria enemiga se atrevía a enfrentarlos.

 Muntaner relató un incidente en el que una banda de almogávares destrozó una carga de la caballeria enemiga partiendo sus lanzas por la mitad y corriendo entre los caballos, destripándolos para luego matar sin esfuerzo a los caballeros desmontados con sus cuchillos



 

  Su nombre derivaba casi con toda seguridad de la palabra árabe Al- Mugawir que significa “devastador”.

  El historiador Bernat Desclot ofrece una descripción de estos guerreros : “Estos soldados llamados almogavares no viven para nada más que para la guerra, y no habitan en pueblos ni ciudades, sino en las montañas y los bosques. Luchan continuamente contra los sarracenos y realizan incursiones en su territorio durante uno o dos días, saqueando y capturando a muchos sarracenos, así como sus bienes. Y sufren muchas penurias que otros hombres apenas podrían soportar. A veces pasan dos días enteros, si es necesario, sin comer, y se alimentan de las hierbas del campo, sin sufrir daño alguno. Los adalides, sus jefes, los guían, pues conocen las regiones y los caminos del país. Los almogavares no visten más que una túnica o camisa, tanto en verano como en invierno, y alrededor de sus extremidades, calzones de cuero, y en sus pies, sandalias de cuero. Llevan a su lado una robusta espada con una gruesa correa y una vaina, que cuelgan del cinturón. Cada hombre tiene una lanza y dos jabalinas, y una alforja de cuero para llevar su comida. Estos hombres son sumamente fuertes y veloces para huir o perseguir, y son catalanes, aragoneses ,y algunos castellanos y sarracenos.”

  La velocidad, resistencia y dureza  de los almogavares los convertian en guerreros ideales para la misión que el rey Pedro les había asignado. “Aunque era una marcha de seis días  desde Palermo a Messina, los almogavares llegaron a la ciudad en tres”, afirma Muntaner. “Y entraron en la ciudad de noche, por un lugar llamado Caperrina , tan secretamente que no fueron escuchados por las huestes enemigas”.

Colina de Caperrina, en Messina.
 

 Al igual que en Palermo, los mesineses no se sintieron excesivamnte impresionados  por la aparición de sus posibles rescatadores. Según Muntaner, a algunos se les escuchó decir: "No podemos contar con mucha ayuda si todos los guerreros del rey de Aragón son así”.

  Los mesineses no tardaron mucho en darse cuenta de su error de apreciación del poder militar de los almogavares, ya que a la mañana siguiente de su llegada,  salieron  en tropel por las puertas y sorprendieron al ejército sitiador con un ataque tan devastador que, según Muntaner, consiguio que mas de dos mil angevinos quedaron muertos o moribundos.

  Más importante aún, el episodio sirvió para hacer saber a Anjou que la llegada de Aragón, con todo su ejército, era inminente, aunque otras fuentes afirman que Carlos de Anjou ya habia sido informado con anterioridad de la presencia del ejercito del rey Pedro en la isla por dos frailes carmelitas que se habían cruzado con los emisarios de Aragón a su paso por Nicosia.

 Independientemente de cómo hubiera recibido la noticia, a mediados de septiembre Anjou ya sabía que sería atacado por el ejército de Aragón mientras aún estaba inmerso en el asedio de Mesina, a no ser que lograra tomar la ciudad antes de su llegada. En consecuencia, ordenó un asalto total, por tierra y mar, el 14 de septiembre.

 Al amanecer, los angevinos avanzaron por las llanuras costeras al norte y al sur de la ciudad, así como desde las tierras altas al oeste, con el fin de asaltar las murallas en varios puntos simultáneamente. Atacaron empleando todo tipo de ingenios y artificios de asedio imaginables. Los fundíbulos castigaban las almenas y los edificios situados tras ellas, mientras los arietes trataban de convertir en astillas las puertas mientras los zapadores socavaban sus cimientos.

Fundibulo.
 

  Unas gruas depositaban puentes levadizos sobre los parapetos, permitiendo a los atacantes acceder a los caminos de ronda, y unas "cigüeñas" izaban jaulas repletas de combatientes por encima de las murallas para hacer llover proyectiles sobre los defensores. Y, por supuesto, cientos de escalas fueron apoyadas contra las fortificaciones exteriores por intrépidos infantes.

Cigueña.
 

  Alaimo da Lentini y sus soldados no iban a ser espectadores pasivos. Emplearon con gran eficacia todas las contramedidas disponibles en aquella época. Una lluvia de piedras azotó a los asaltantes, mientras el aceite hirviendo y la pez ardiente prendían fuego a sus máquinas de guerra.

 Y los pocos combatientes franceses que lograron alcanzar lo alto de las almenas fueron recibidos con una andanada de flechas y virotes de ballesta, para terminar siendo rematados a espadazos.

 

  Un cronista de la epoca ofrece una vívida descripción de las macabras consecuencias del combate en las murallas de Messina : ”Alrededor de la base de las murallas se extendía un espantoso cinturón de máquinas de asedio destrozadas, miembros cercenados y cadáveres sucios y mutilados que se iban poniendo rígidos en las convulsas posturas de la muerte”

 Al mismo tiempo, se libraba una batalla por el puerto con una ferocidad similar, que arrojó un resultado parecido.

 La flota angevina aprovechó un fuerte viento del norte para irrumpir en la entrada fortificada del puerto. En la vanguardia avanzaba una enorme “nave carica” , seguramente un buque de vela de varias cubiertas, destinado habitualmente al transporte de carga.

  Escoltada por galeras de guerra, la nave estaba recubierta de pieles empapadas en vinagre ,a modo de protección ignífuga, y equipada con mangoneles y trabuquetes.

 Impulsada por el viento, su inmenso tamaño y peso tenían como objetivo romper la pesada cadena que bloqueaba el acceso al puerto. Pero Alaimo había organizado una defensa formidable para frustrar esta táctica.

  En la orilla opuesta a la punta del Braccio di San Raineri, que rodea el puerto, hizo construir un reducto de madera en el que estableció una guarnición. Dentro del puerto, tras la cadena, situó catorce galeras con sus tripulaciones al completo; seis de ellas estaban provistas de catapultas y balistas. En el centro, dispuso una torre de combate flotante, montada sobre dos taridas (embarcaciones de transporte) unidas entre sí. Más allá de la cadena, justo bajo la superficie, se habían tendido unas redes resistentes con la esperanza de enredar los timones de los barcos enemigos.

 Todo funcionó a la perfección. La "nave carica" quedó rápidamente atrapada en las redes y, por tanto, inmovilizada, mientras los soldados mesineses ,apostados tanto en el reducto como en la torre flotante, barrían sus cubiertas con proyectiles de diversa índole. Con las velas destrozadas y la tripulación diezmada, la nave se vio obligada a retirarse —probablemente remolcada por las galeras angevinas— bajo una lluvia de piedras lanzadas por las catapultas.

Puerto de Messina, con el Brazzio di San Rainieri al sur.( siglo XVII )

 

 (Continuara…)