jueves, 6 de agosto de 2026

Guerra en el Rif ; 1909-1927 (7ª parte )

 


Viene de aquí :

  Al final de ese día 23 de julio, las tropas españolas habían sufrido cerca de 300 bajas, pero mantenían sus posiciones defensivas en torno a Melilla y Sidi Musa, la zona situada al sureste del Gurugu, aunque las comunicaciones entre ambos contingentes eran dificultosas.

 

  El general Marina continuó acumulando tropas para su asalto al Gurugu, y  entre el 23 y el 25 de julio, las tropas de la 1.ª Brigada Mixta de Madrid, al mando del general Guillermo Pintos Ledesma, formada por los batallones de Madrid, Barbastro, Figueras, Arapiles, Las Navas y el batallón de cazadores de Llerena comenzaron a llegar a los muelles de Melilla. Estas fuerzas iban acompañadas por un escuadrón de caballería del Regimiento de Cazadores de Lusitania, dos compañías de ingenieros, telégrafos, administración y ambulancias, y dos grupos de ametralladoras (dos secciones) y artillería de tres baterías Krupp de 1878. Con ellas, las fuerzas del general Marina sumaban ahora 17.000 soldados, y él fue ascendido a teniente general, mientras que su antiguo puesto fue ocupado por el mayor general Salvador Arizón.

 Sin embargo, la llegada de estas tropas de refuerzo tuvo un costo muy elevado. El decreto del gobierno de Antonio Maura había ordenado el envío de tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, la mayoría de ellas compuestas por obreros. Los sindicatos convocaron una huelga general que culminó en una revuelta en Barcelona entre el 26 de julio y el 2 de agosto: la famosa Semana Trágica. Los trabajadores bloquearon las calles con barricadas, prendieron fuego, sobre todo a iglesias, profanaron cadaveres, lincharon a trabajadores, cometieron asesinatos e incluso formaron Consejos Revolucionarios , proclamando la república en algunas ciudades catalanas. La represión fue muy severa, con 1.700 detenidos. Además, 441 personas resultaron heridas y murieron 104 civiles y ocho militares.

Barricada en Barcelona durante la "Semana Tragica."
 

 Mientras tanto, las fuerzas españolas al sur, frente al Gourougou, se veían amenazadas con el cerco. Cada vez se veían más hogueras en las laderas del Gurugu y, una noche, los rifeños habían logrado infiltrarse y arrancar parte de las vías del ferrocarril que unían Melilla con la Segunda Caseta.

  Para restablecer las comunicaciones y abastecer a esas fuerzas en riesgo de ser cercadas, el teniente general Marina envió un convoy escoltado por una columna al mando del coronel Juan Fernández Cuerda, compuesta por seis compañías de infantería, una de ingenieros, un escuadrón de caballería y una sección de artillería.

 Su avance hacia el sur estaría cubierto por toda la 1.ª Brigada del general Pintos, quien vigilaría desde el Hipódromo para asegurarse de que ninguna fuerza rifeña saliera a atacar el convoy.

 El convoy, a pesar de ser blanco de disparos, logró reparar las vías del ferrocarril. Mientras tanto, el general Pintos, más al norte, avanzaba hacia las laderas del Gurugu, atrayendo fuego enemigo para ayudar al convoy, pero entonces sobrevino el desastre.

 El general Pintos, desde su posición en el hipódromo, creía que las colinas ascendían suavemente, pero desconocía que varios barrancos transversales cortaban su línea de avance. Así pues, tras un bombardeo de artillería sobre las posiciones rifeñas, marchó con una línea de cinco batallones desde Lavaderos (donde se lavaba el mineral extraído de las minas), dejando el sexto, Figueras, en reserva.

 En el flanco derecho de la línea (al oeste) avanzaba el Batallón de Madrid, ocupando los barrancos que encontraba a su paso, mientras tres compañías del Batallón de Barbastro permanecían en reserva.

 El general Pintos iba a caballo en la vanguardia, junto con una línea de tiradores, cerca del flanco. Pero, cuando descabalgo un momento para descansar, un disparo lo alcanzó en la cabeza y lo mato, a apenas 1 kilómetro de Lavadero.

La ultima imagen con vida del general Pintos, pocas horas antes de morir.
 

  Con su muerte y debido al intenso fuego, toda el flanco derecho se detuvo. Mientras tanto, al otro lado de la línea (al este), los batallones Las Navas, Llerena y Arapiles, al mando del coronel Páez Jaramillo, lograron cruzar el Barranco del Infierno, pero debido a los obstáculos del terreno, se amontonaban hacia el centro de la formación, entrando en el Barranco del Lobo.

 Por falta de espacio, el Batallón Las Navas entro primero, seguido por el Batallón Llerena. Allí, los rifeños abrieron fuego masivo desde ambos flancos y el frente, pero, apiñados, los españoles no pudieron retroceder y fueron empujados por las tropas que venían detrás, a medida que el barranco se estrechaba progresivamente.

El barranco del Lobo, en la actualidad. Al fondo, Melilla.
 

  Los oficiales, 10 del Navas y 17 del Llerena, que siempre estaban a la cabeza de la formación para dar ejemplo, fueron masacrados. El teniente coronel Palacios, un ejemplo para sus hombres, también cayó, lo que provocó la desbandada de la unidad. Una vanguardia de 40 soldados al mando del teniente Joaquín Tourné, de Las Navas, intentó tomar las alturas, pero fueron aniquilados junto con sus oficiales, y 30 de ellos cayeron.

 Sin embargo, su acción contuvo a los rifeños, dando a los españoles un respiro que les permitió retirarse. En ese momento llegaron los primeros elementos de Llerena, que se desplegaron  en posicion defensiva para cubrir la retirada de Las Navas, pero también fueron superados, por lo que el coronel Páez Jaramillo ordenó al batallón Arapiles entrar en el barranco a la bayoneta  calada para desalojar a los rifeños.

 El teniente general Marina, que observaba el avance desde Lavaderos, ya había notado que la línea de marcha de la Brigada de Madrid se dirigía al desastre, por lo que ordenó rectificar el avance. Sin embargo, el mensajero con la orden llegó demasiado tarde. Aun así, el general logró reorganizar la línea de batalla y retirar sus tropas, ademas del convoy, tras sufrir 762 bajas.

 

  Los rifeños, según estimaciones españolas, sufrieron entre 100 y 475 bajas. Finalmente, el teniente general Marina regresó a sus posiciones iniciales con dos grupos de tropas, dejando a los del sur nuevamente aislados, a la espera de refuerzos para romper la defensa de Gurugu.

 El teniente general Marina, escarmentado tras los reveses de julio, decidió no realizar más ataques hasta que recibiera los refuerzos necesarios. 

 El 31 de julio, la 2.ª Brigada Mixta de Campo de Gibraltar, al mando del general José Morales, desembarcó en Melilla, compuesta por los batallones de Cazadores de Cataluña, Tarifa, Ciudad Rodrigo, Segorbe, Chiclana y Talavera, un escuadrón del Regimiento de Cazadores Alfonso XII, así como un grupo de artillería, un grupo de ametralladoras y las mismas compañías de apoyo que las demás brigadas de Cazadores.

 

 Pero eso no fue todo, ya que entre el 3 y el 9 de agosto desembarcó la 1.ª División Orgánica Reforzada del general Gabriel Orozco, formada por los regimientos 1.º Inmemorial Del Rey y 38.º León, 6.º Saboya y 50.º Wad Ras, todos con grupo de ametralladoras. Como fuerzas de apoyo, la división contaba con dos escuadrones del Regimiento de caballería María Cristina, tres baterías de artillería y otras unidades de apoyo, sumando un total de 8.500 hombres.

  Además, el 12 de agosto llegaron a la ciudad tres escuadrones del Regimiento de Húsares  de la Princesa, y entre el 5 y el 14 de septiembre, la 2.ª División Orgánica del general Fernando Álvarez de Sotomayor, con los regimientos Príncipe n.º 3 , Burgos n.º 36 ,Cuenca n.º 27 y Guipúzcoa n.º 53, cada uno con una sola sección de ametralladoras, y dos o tres escuadrones del Regimiento de Cazadores Alfonso XIII.

 Así, con la llegada de esta unidad, el teniente general Marina contaría con unos 44 000 soldados agrupados en tres divisiones y dos brigadas. Asimismo, la fuerza aérea hizo su debut cuando se formó la Compañía de la Aerostacion, integrada por los globos cautivos Reina Victoria (tipo cometa) y Urano (esférico), que se unieron a la expedición.


 

(Continuara…)

 

lunes, 3 de agosto de 2026

Agripa, la mano derecha de Augusto ( 33ª parte )

 

Busto de Marco Claudio Marcelo.

Viene de aquí:

 A finales del verano de ese año, Agripa recibió noticias desde Roma. A comienzos de agosto, Marco Claudio Marcelo  había muerto repentinamente mientras se encontraba en Baiae, la finca que Agripa había usado como base durante la construcción de  Pontus Julius.El doctor Musa había intentado con Marcelo la misma terapia de baños con agua fria que había funcionado con Augusto, pero con Marcelo no funciono.

  No se sabe cual fue la causa de la muerte  de Marcelo, pero la epidemia de fiebre tifoidea del año anterior  que había continuado durante todo el año 23 a.c., llevándose la vida de centenares de romanos.

  Hubo quien sospecho que detrás la muerte de Marcelo se encontraba la mano de Livia Drusila, deseosa de eliminar a Marcelo  de la carrera sucesoria a la que optaban sus hijos Tiberio y Nerón Claudio Druso.

Estatua de Livia Drusila, en el Museo Arqueologico de Madrid.
 

  Toda Roma lloró la muerte de Marcelo. Un profundamente apenado Augusto presidió el funeral de su yerno y declamó el panegírico en persona. Ordenó colocar las cenizas del finado en su propio mausoleo y erigir una estatua en bronce coronada con una corona de oro.

  Agripa podría haber acudido a Roma para asistir al funeral de Marcelo. Pero prefirió no hacerlo, asegurando que había mucha cosas que hacer en el este.

  Desde que Marco Antonio habia muerto en el año 30 a.c., ningún romano haba tenido el mando real sobre las provincias del este, que habían pasado a estar gobernados por monarcas titeres o se habían convertido en reinos clientes de Roma, como Polemon, rey del Ponto, reconocido como amigo y aliado de Roma  desde el año 26 a.c.

  Agripa comenzó su tarea para poner orden en las provincias del este enviando legados , protegidos por la garantía que aportaba el imperium proconsulare que el senado había otorgado a Agripa poco antes de salir de Roma.

  Como enviado directo del emperador de Roma en las provincias orientales, Agripa se convirtió en el objetivo de la visita de los más grandes reyes de la región, que navegaban hasta la isla de Lesbos para presentarle sus respetos.

  Uno de  estos reyes, Herodes de Judea, marcho a  Metilene en los meses invernales para reunirse con su particular amigo y compañero, para volver inmediatamente a Judea.

 

  Parece que, ademas de la formal relación diplomática, Agripa y Herodes compartieron una sincera amistad, y, para demostrarlo, cuando Herodes regresó a la capital de Judea, Hierosolima ( Jerusalen), renombro las más fastuosas habitaciones del nuevo palacio que estaba construyendo con los nombres de Caesareum y Agrippeum, en honor a los líderes romanos.

  Algunos emisarios de la comunidad de Gadara ( actual Umm Quais, en Jordania ), una comunidad de origen griego, llego a  Metilene para acusar a  Herodes de haber cometido varias violaciones.

Palacio de Herodes.
 

  Pero los emisarios habían equivocado la responsabilidad  del gobernador romano, que no podía intervenir en este tipo de situaciones  porque Herodes era el rey de un reino cliente de Roma, responsable de resolver los asuntos de sus dominios según las leyes de su reino. Y ningún enviado romano podía intervenir en los  asuntos internos de alguno de  sus reinos clientes si ningún romano estaba involucrado.

  Para mantener saludable la relacion entre Roma y sus estados clientes era necesario respetar los límites y situarse en un no siempre fácil equilibrio entre las obligaciones del reino cliente y su independencia de Roma.

  Terminar con el poder de todos los gobernadores romanos que habían sido impuestos por Marco Antonio en las diferentes provincias del este iba a ser otra de las tareas de Agripa. Al igual que Herodes, que anteriormente había sido un leal amigo de Marco Antonio, las expectativas de Agripa pasaban por asegurarse de que todos los reyes de la región juraran lealtad al nuevo emperador, y que avalaran su juramente de lealtad entregando a Roma buena parte de sus recursos.

  Teniendo en cuenta su extraordinaria importancia como granero de Roma, Egipto tenía un tipo de gobierno diferente al de las otras provincias orientales del imperio.

  Egipto estaba gobernada por un praefectus aegipti, escogido  de entre los miembros de  la orden ecuestre, con un gran conocimiento de  la administracion y la ley ,y con  un destacado pasado como militar.

  En el año 23 a.c. el praefectus aegipti Aelio Galo había iniciado la guerra contra el rey Sabos , rey de Arabia  Félix. El rey Sabos no necesitó poner sobre las armas a todo su o ejército para combatir al prefecto Galo : el desierto, el calor y el agua lo hizo por él, ya que buena parte de las tropas lideradas por Galo perecieron en el camino hacia Arabia Félix.

 

  Parece ser que al agua que consumían los soldados de los pozos de Arabia Félix causaba unos fortísimos dolores de cabeza que terminaban por causar la muerte. Pero los que sobrevivían a los dolores de cabeza sufrían fortísimos dolores en las piernas, que los incapacitaba totalmente para combatir.

  Parece que la cura era bastante simple, un ungüento a base de aceite de oliva y vino, pero muy pocos soldados romanos en Egipto tenían acceso a tal remedio. Así, cuando los supervivientes de Aulio Galo fueron atacados por la caballería ligera de Arabia Felix, los romanos huyeron en desbandada.

  Galo se vio arrastrado a otra guerra con sus vecinos del sur, los nubios ( o kusitas ) del reino de Meroe, en Etiopia.

 

  Los kusitas llevaban decadas haciendo incursiones en el sur de Egipto, llegando en sus andanzas hasta la isla de Elefantina, en el Nilo, y la ciudad de Siene, esclavizando a las poblaciones y destruyendo las estatuas de Cesar Augusto que encontraban.

  Liderando a los kusitas se encontraba  Amanirenas Kandake, la reina Candace, que segun Estrabón era una mujer muy masculina y, además, tuerta.

Reina Candace.
 

  Al mando de  un ejercito de 10.000 legionarios  y 8.000 jinetes, Galo lanzó una ofensiva devastadora, arrasando el norte de lo que hoy es Etiopia, reduciendo a cenizas  Napata, la capital del reino kusita ( actual Akrima, en el norte de Sudan).

Ruinas de Napata.
 

  Galo había aprendido de lo ocurrido en su anterior campaña, y se abstuvo de continuar hacia el sur para evitar el desierto y el intenso calor. Tras dejar una nutrida guarnición en Primis ( actual Qast Ibrim), regreso a Egipto.

  Pero los kusitas se reagruparon y atacaron y pusieron sitio a Primis. Galo tuvo que regresar al sur, levanto el sitio de Primis y obligo a la reina Candace a firmar un tratado de paz muy favorable a Roma, que incluía el despliegue de una poderosa fuerza militar permanente romana en la región fronteriza de Dodekashoinos ,situada aprox. entre la 1 y la 2 catarata del Nilo.

Ruinas de Primis.
 

  Agripa no iba a permanecer ocioso, no era su estilo de  gestión. Desde Metilene viajo a numerosas comunidades de Anatolia y Siria, algunas de las cuales se habían posicionado con marco Antonio, algunas libremente, otras coaccionadas apenas una década antes.

  Así ,la presencia de Agripa en la región iba a dar a esas ciudades una oportunidad de demostrar su absoluta lealtad a Augusto, y ,visitándolas, Agripa mostraba a las ciudades el camino a la reconciliación, extendiendo asi el mensaje de la Pax Augusta.

  Mientras, en Roma, la situación domestica se deterioraba seriamente. En la primavera del 22 a.c, las fortísimas lluvias habían provocado la crecida del Tíber, inundando partes de la ciudad. Además, algunos rayos habian destruido en parte varias estatuas del Panteón. En el verano llegó la hambruna y la enfermedad, y la población culpo de la situación a las autoridades, incapaces de lidiar con la situación.

 Un numeroso grupo de  ciudadanos rodeo  amenazadoramente la Curia, y exigieron que el senado declarara a Augusto dictador con plenos poderes.

  El senado traslado la exigencia popular a Augusto, que se negó a ser nombrado dictador, pero acepto ponerse manos a la obra. Nombro a dos expretores para que se encargaran del reparto de la annona, y restringió el exceso de comida en los banquetes públicos y festivales. También impuso límites al dinero que los nobles gastaban en organizar juegos de gladiadores, y responsabilizo a  los ediles curiles de la extincion de  los cada vez mas frecuentes incendios en la ciudad de Roma, asignando a 600 esclavos como nuevo bomberos.

  Pero no todos en Roma apoyaban las políticas de Augusto, y los complots más o menos organizados para asesinarlo comenzaron a brotar. Uno de  los que más afecto a Augusto fue el intento protagonizado por  Fanio Cepion, en el que estaba implicado Lucio Licinio Murena, el cuñado de Mecenas.

  Ambos conspiradores huyeron de Roma, pero fueron juzgados en absentia y sentenciados a muerte. Mecenas intentó interceder por su cuñado, pero parece que eso molesto profundamente a Augusto, y la influencia que ejercia Mecenas sobre Augusto menguo considerablemente.

"Horacio leyendo sus satiras a Mecenas y Augusto", obra de Fedor Bronnikov.

 

(Continuara…)