lunes, 10 de agosto de 2026

Roger de Lauria, Almirante de Aragon ( 16ª parte)

 

"Visperas sicilianas", obra de Francesco Hayez.

Viene de aquí :

  El coste de financiar una expedición tan numerosa como la que preparaba Carlos de Anjou para tomar Constantinopla era  exorbitante, sobre todo  la flota.

 Algunos estudiosos de la época estiman que solo la construcción de la armada angevina debió superar las 50.000 onzas de oro, aproximadamente la mitad de los ingresos anuales del Reino de Sicilia.

 Para cubrir el coste, Carlos  aumentó la denostada subventio generalis en un asombroso 150 % en diciembre de 1281 y, para la primavera de 1282, había reunido una formidable armada en Messina.


 

  El historiador veneciano contemporáneo, Marino Sanudo Torsello, afirmó que la flota estaba formada por más de cien buques de guerra, además de embarcaciones auxiliares y  unos doscientos transportes. Los cálculos modernos sitúan el número de galeras en una cifra mas realista de entre 50 y 60 galeras y unos 50 navíos auxiliares.

  Como la flota de Anjou tenía su base en Messina, los sicilianos cargaron con la mayor parte del peso para costear  su equipamiento y dotación.

  Fue una imposición enorme para una población que no tenía ningún interés de participar en una campaña en la que no querían estar involucrados y que se sentía explotada.

 Además de tener que pagar la mayor parte del coste de la flota, muchos sicilianos fueron reclutados a la fuerza para tripularla, reclutados por funcionarios franceses que ni siquiera se habían tomado la molestia de aprender su idioma ni sus costumbres.

  EL gobernador de la isla, Herbert de Orleans, vicario real de Carlos de Anjou, ni siquiera vivía en la capital de la isla, Palermo, sino en Messina, semi encerrado en el castillo de Mategrifon ( del francés antiguo Mattagrifon, el “terror de los griegos), fortaleza construida  por Ricardo Corazon de  León para intimidar a los habitantes de la isla, en su gran mayoría de origen griego, en su camino hacia la Tercera Cruzada.

Castillo de Mategrifon.

 

  El gobierno autocrático de Herbert se imponía a los sicilianos gracias  a los 42 castillos que ocupaba, guarnecidos por lo que los sicilianos consideraban una casta militar extranjera y opresora, mientras que a ellos se les prohibía portar armas.

  Así, para los sicilianos, la gran flota anclada en el puerto de Messina en marzo de 1282 era un odiado símbolo de la opresión francesa sobre la isla.

  En la primavera de 1282,  Carlos de Anjou , por entonces rey de Sicilia, Jerusalén y Albania, conde de Provenza, Anjou y Maine, regente de Acaya, soberano de Túnez y senador de Roma, seguramente el hombre mas poderoso de Europa , estaba a punto de lograr la culminación de  su carrera con la más poderosa armada jamás reunida, con el objetivo de apoderarse del imperio romano de oriente.

  Pero ni uno solo de los barcos de la flota de Carlos de Anjou iba a zarpar nunca del puerto de Messina.

  La Chiesa dello Spirito Santo (Iglesia del Espíritu Santo) se alza en un entorno sereno a las afueras de Palermo , situada a tan solo unos cientos de metros al sureste de las antiguas murallas de la ciudad, en la margen izquierda de un barranco de exuberante vegetación por donde discurre el río Oreto.

 

  A su alrededor se encuentran las lápidas, mausoleos y monumentos sepulcrales del cementerio de Santa Úrsula, del siglo XVIII, salpicados aquí y allá por viejos cipreses.

 

  Pero, en la primavera de 1282, el Camposanto di Santo Spirito, como se conoce oficialmente al cementerio, era un prado cubierto de flores primaverales. Nada en aquella escena apacible podía presagiar el estallido de violencia desenfrenada que tuvo lugar allí la noche del 30 de marzo, el día después de Pascua, salvo, quizás, el austero edificio eclesiástico normando en sí.

 Fundada en 1178 como una abadía cisterciense ascética, la estructura arabo-normanda, con arcos góticos y motivos arabescos, fue construida con bloques de toba y roca volcánica, formando vetas horizontales alternas de ocre y gris que le dan un aspecto sombrío y austero.

  Curiosamente, Walter del Molino, un arzobispo de origen inglés, habia colocado la primera piedra el día de un eclipse solar.

  Los cronistas de la época ofrecen varias versiones de lo que sucedió allí hace unos siete siglos y medio, pero un esquema básico de los acontecimientos es común a todas ellas. El relato del patriota siciliano Bartolomeo di Neocastro parece ser el más fidedigno y el más creíble.

  Era tradición en aquella época celebrar una fiesta en los terrenos de la iglesia el Lunes de Pascua, por lo que la plaza frente a la entrada estaba repleta de habitantes de la ciudad y del pueblo, que se divertían mientras esperaban las Vísperas (oraciones vespertinas) al atardecer.

  En medio del canto, el baile y la bebida de esta escena festiva, paseaba un grupo de soldados franceses, varios de ellos ya ebrios. Uno de ellos, un sargento identificado por las fuentes como Drouet, sacó a una joven noble de entre la multitud y, al parecer, la manoseó con el pretexto de registrarla en busca de  armas ocultas. Ese acto de comportamiento grosero iba a ser el último que cometería.

 

 El enfurecido marido de la joven se abalanzó sobre Drouet con una daga y lo mató. Sus camaradas angevinos intentaron acudir en su defensa, pero rápidamente se vieron rodeados por una turba enfurecida, sedienta de sangre.

 El grito de "¡Moranu li Franchiski!" ("¡Muerte a los franceses!" en dialecto siciliano) resonó en la plaza. Luego, al sonar las campanas de la iglesia anunciando las Vísperas, comenzó la matanza. Al parecer, ninguno de los soldados franceses presentes sobrevivió, y casi 200 cadáveres angevinos yacían esparcidos por la plaza.

 La matanza no terminó ahí. Hombres recién salidos del baño de sangre de las Vísperas en el Espíritu Santo corrían por las calles de Palermo gritando lo que ya se había convertido en el lema de la incipiente revuelta: "¡Muerte a los franceses!".

 

  Las turbas errantes masacraban a todo aquel de ascendencia gala que encontraban. Recorrieron los barrios franceses, arrasando sus hogares y negocios. Ni mujeres ni niños se salvaron. Las mujeres sicilianas fueron masacradas junto con sus maridos franceses. Michele Amari,cronista de la época,  describe con espeluznante detalle cómo los alborotadores vengaron "la despiadada masacre de Augusta ,abriendo los cuerpos de mujeres sicilianas que estaban embarazadas de maridos franceses y estrellando contra las piedras el fruto de la sangre mezclada de opresores y oprimidos".

"Visperas sicilianas", obra de Erulo Eroli.
 

  Las turbas ni siquiera respetaron el santuario de los monasterios, pues los de los dominicos y los franciscanos fueron saqueados en busca de frailes extranjeros: cualquiera que no pudiera pronunciar correctamente "ciciri", la palabra siciliana para garbanzos (aparentemente casi imposible para los francófonos, que usarían la s como la c, y la g como la r, pronunciandola algo asi como sisigui ), era asesinado en el acto.

 El enviado de Anjou para la región de Palermo, Jean de Saint-Rémy, intentó resistir en el antiguo palacio real normando, pero los sicilianos pronto atravesaron las puertas y a duras penas logró escapar por una ventana hacia los establos, desde donde cabalgó con un puñado de seguidores hasta la fortaleza interior de Vicari, en la localidad de Lari. 

Castillo de Vicari.
 

  Para cuando la matanza terminó, el sol había salido sobre los restos mortales de más de 2.000 residentes franceses de Palermo (algunas fuentes indican que el doble de esa cantidad murió en la masacre), y los rebeldes se habían apoderado de  la ciudad. Su furia se había calmado lo suficiente para pensar en el futuro. Hubo una reunion de  representantes de los distritos de la ciudad, y en ella se proclamaron  en comuna, eligiendo capitán a un caballero llamado Roger Mastrangelo.

La bandera angevina fue hecha pedazos y sustituida por el águila imperial que Federico II había otorgado como insignia a la ciudad.Fueron enviados embajadores con una carta para el Papa en la que suplicaban su protección.

 

 El frenesí asesino pronto se extendería mucho más allá de los límites de la ciudad. Mensajeros enviados por toda la isla extendían el mensaje de que había que atacar antes que el opresor francés les atacase a ellos.

 Lo primero fue marchar sobre el castillo de  Vicari,con una guarnición demasiado escasa para resistir durante mucho tiempo. Así que Saint Remy se ofreció a rendirse si se respetaba su vida y se le permitía embarcar hacia su Provenza natal. Pero, cuando empezaron las negociaciones, uno de  los rebeldes le disparo un flecha y lo mato, lo que fue una señal para la matanza generalizada de todos los habitantes del castillo. 


 

(Continuara…)

jueves, 6 de agosto de 2026

Guerra en el Rif ; 1909-1927 (7ª parte )

 


Viene de aquí :

  Al final de ese día 23 de julio, las tropas españolas habían sufrido cerca de 300 bajas, pero mantenían sus posiciones defensivas en torno a Melilla y Sidi Musa, la zona situada al sureste del Gurugu, aunque las comunicaciones entre ambos contingentes eran dificultosas.

 

  El general Marina continuó acumulando tropas para su asalto al Gurugu, y  entre el 23 y el 25 de julio, las tropas de la 1.ª Brigada Mixta de Madrid, al mando del general Guillermo Pintos Ledesma, formada por los batallones de Madrid, Barbastro, Figueras, Arapiles, Las Navas y el batallón de cazadores de Llerena comenzaron a llegar a los muelles de Melilla. Estas fuerzas iban acompañadas por un escuadrón de caballería del Regimiento de Cazadores de Lusitania, dos compañías de ingenieros, telégrafos, administración y ambulancias, y dos grupos de ametralladoras (dos secciones) y artillería de tres baterías Krupp de 1878. Con ellas, las fuerzas del general Marina sumaban ahora 17.000 soldados, y él fue ascendido a teniente general, mientras que su antiguo puesto fue ocupado por el mayor general Salvador Arizón.

 Sin embargo, la llegada de estas tropas de refuerzo tuvo un costo muy elevado. El decreto del gobierno de Antonio Maura había ordenado el envío de tropas de reserva a las posesiones españolas en Marruecos, la mayoría de ellas compuestas por obreros. Los sindicatos convocaron una huelga general que culminó en una revuelta en Barcelona entre el 26 de julio y el 2 de agosto: la famosa Semana Trágica. Los trabajadores bloquearon las calles con barricadas, prendieron fuego, sobre todo a iglesias, profanaron cadaveres, lincharon a trabajadores, cometieron asesinatos e incluso formaron Consejos Revolucionarios , proclamando la república en algunas ciudades catalanas. La represión fue muy severa, con 1.700 detenidos. Además, 441 personas resultaron heridas y murieron 104 civiles y ocho militares.

Barricada en Barcelona durante la "Semana Tragica."
 

 Mientras tanto, las fuerzas españolas al sur, frente al Gourougou, se veían amenazadas con el cerco. Cada vez se veían más hogueras en las laderas del Gurugu y, una noche, los rifeños habían logrado infiltrarse y arrancar parte de las vías del ferrocarril que unían Melilla con la Segunda Caseta.

  Para restablecer las comunicaciones y abastecer a esas fuerzas en riesgo de ser cercadas, el teniente general Marina envió un convoy escoltado por una columna al mando del coronel Juan Fernández Cuerda, compuesta por seis compañías de infantería, una de ingenieros, un escuadrón de caballería y una sección de artillería.

 Su avance hacia el sur estaría cubierto por toda la 1.ª Brigada del general Pintos, quien vigilaría desde el Hipódromo para asegurarse de que ninguna fuerza rifeña saliera a atacar el convoy.

 El convoy, a pesar de ser blanco de disparos, logró reparar las vías del ferrocarril. Mientras tanto, el general Pintos, más al norte, avanzaba hacia las laderas del Gurugu, atrayendo fuego enemigo para ayudar al convoy, pero entonces sobrevino el desastre.

 El general Pintos, desde su posición en el hipódromo, creía que las colinas ascendían suavemente, pero desconocía que varios barrancos transversales cortaban su línea de avance. Así pues, tras un bombardeo de artillería sobre las posiciones rifeñas, marchó con una línea de cinco batallones desde Lavaderos (donde se lavaba el mineral extraído de las minas), dejando el sexto, Figueras, en reserva.

 En el flanco derecho de la línea (al oeste) avanzaba el Batallón de Madrid, ocupando los barrancos que encontraba a su paso, mientras tres compañías del Batallón de Barbastro permanecían en reserva.

 El general Pintos iba a caballo en la vanguardia, junto con una línea de tiradores, cerca del flanco. Pero, cuando descabalgo un momento para descansar, un disparo lo alcanzó en la cabeza y lo mato, a apenas 1 kilómetro de Lavadero.

La ultima imagen con vida del general Pintos, pocas horas antes de morir.
 

  Con su muerte y debido al intenso fuego, toda el flanco derecho se detuvo. Mientras tanto, al otro lado de la línea (al este), los batallones Las Navas, Llerena y Arapiles, al mando del coronel Páez Jaramillo, lograron cruzar el Barranco del Infierno, pero debido a los obstáculos del terreno, se amontonaban hacia el centro de la formación, entrando en el Barranco del Lobo.

 Por falta de espacio, el Batallón Las Navas entro primero, seguido por el Batallón Llerena. Allí, los rifeños abrieron fuego masivo desde ambos flancos y el frente, pero, apiñados, los españoles no pudieron retroceder y fueron empujados por las tropas que venían detrás, a medida que el barranco se estrechaba progresivamente.

El barranco del Lobo, en la actualidad. Al fondo, Melilla.
 

  Los oficiales, 10 del Navas y 17 del Llerena, que siempre estaban a la cabeza de la formación para dar ejemplo, fueron masacrados. El teniente coronel Palacios, un ejemplo para sus hombres, también cayó, lo que provocó la desbandada de la unidad. Una vanguardia de 40 soldados al mando del teniente Joaquín Tourné, de Las Navas, intentó tomar las alturas, pero fueron aniquilados junto con sus oficiales, y 30 de ellos cayeron.

 Sin embargo, su acción contuvo a los rifeños, dando a los españoles un respiro que les permitió retirarse. En ese momento llegaron los primeros elementos de Llerena, que se desplegaron  en posicion defensiva para cubrir la retirada de Las Navas, pero también fueron superados, por lo que el coronel Páez Jaramillo ordenó al batallón Arapiles entrar en el barranco a la bayoneta  calada para desalojar a los rifeños.

 El teniente general Marina, que observaba el avance desde Lavaderos, ya había notado que la línea de marcha de la Brigada de Madrid se dirigía al desastre, por lo que ordenó rectificar el avance. Sin embargo, el mensajero con la orden llegó demasiado tarde. Aun así, el general logró reorganizar la línea de batalla y retirar sus tropas, ademas del convoy, tras sufrir 762 bajas.

 

  Los rifeños, según estimaciones españolas, sufrieron entre 100 y 475 bajas. Finalmente, el teniente general Marina regresó a sus posiciones iniciales con dos grupos de tropas, dejando a los del sur nuevamente aislados, a la espera de refuerzos para romper la defensa de Gurugu.

 El teniente general Marina, escarmentado tras los reveses de julio, decidió no realizar más ataques hasta que recibiera los refuerzos necesarios. 

 El 31 de julio, la 2.ª Brigada Mixta de Campo de Gibraltar, al mando del general José Morales, desembarcó en Melilla, compuesta por los batallones de Cazadores de Cataluña, Tarifa, Ciudad Rodrigo, Segorbe, Chiclana y Talavera, un escuadrón del Regimiento de Cazadores Alfonso XII, así como un grupo de artillería, un grupo de ametralladoras y las mismas compañías de apoyo que las demás brigadas de Cazadores.

 

 Pero eso no fue todo, ya que entre el 3 y el 9 de agosto desembarcó la 1.ª División Orgánica Reforzada del general Gabriel Orozco, formada por los regimientos 1.º Inmemorial Del Rey y 38.º León, 6.º Saboya y 50.º Wad Ras, todos con grupo de ametralladoras. Como fuerzas de apoyo, la división contaba con dos escuadrones del Regimiento de caballería María Cristina, tres baterías de artillería y otras unidades de apoyo, sumando un total de 8.500 hombres.

  Además, el 12 de agosto llegaron a la ciudad tres escuadrones del Regimiento de Húsares  de la Princesa, y entre el 5 y el 14 de septiembre, la 2.ª División Orgánica del general Fernando Álvarez de Sotomayor, con los regimientos Príncipe n.º 3 , Burgos n.º 36 ,Cuenca n.º 27 y Guipúzcoa n.º 53, cada uno con una sola sección de ametralladoras, y dos o tres escuadrones del Regimiento de Cazadores Alfonso XIII.

 Así, con la llegada de esta unidad, el teniente general Marina contaría con unos 44 000 soldados agrupados en tres divisiones y dos brigadas. Asimismo, la fuerza aérea hizo su debut cuando se formó la Compañía de la Aerostacion, integrada por los globos cautivos Reina Victoria (tipo cometa) y Urano (esférico), que se unieron a la expedición.


 

(Continuara…)