Viene de aquí :
Sin esperar la respuesta de Carlos de Anjou a su ultimátum, el rey Pedro partió con la mayor parte de su ejército ya reunido, marchando por Nicosia y Troina , mientras su flota navegaba hacia el este a lo largo de la costa norte, en dirección al estrecho de Mesina, para cortar las comunicaciones de Anjou con Calabria .
Previamente había enviado mensajeros, ordenando a todos los demás reclutas que se reunieran con él en Randazzo (en las laderas septentrionales del Etna, a unos 65 km al suroeste de Messina).
El rey Pedro ordenó a una vanguardia que avanzara y reforzara la ciudad durante la noche. Estaba compuesto por 500 ballesteros de las Baleares, liderados por los exiliados sicilianos Niccola di Palizzi y Andrea da Procida, además de un contingente de unos 2.000 almogávares.
Los almogávares eran considerados la mejor infantería ligera de la Europa del siglo XIII. Descendientes de robustos pastores de las montañas de Aragón y Cataluña, estos curtidos guerreros fronterizos sobrevivían saqueando las regiones fronterizas mudéjares (musulmanas ibéricas) de Castilla y Valencia. Ligeramente armados y sin armadura, confiaban en su rapidez y agilidad para derrotar a sus adversarios.

"Almogavars", obra de Omar Samy.
Atacaban con rapidez y en silencio, sin previo aviso, a menudo de noche, a través de terrenos accidentados. Esto los hacía temidos y a la vez intrépidos, y ni siquiera la caballeria enemiga se atrevía a enfrentarlos.
Muntaner relató un incidente en el que una banda de almogávares destrozó una carga de la caballeria enemiga partiendo sus lanzas por la mitad y corriendo entre los caballos, destripándolos para luego matar sin esfuerzo a los caballeros desmontados con sus cuchillos
Su nombre derivaba casi con toda seguridad de la palabra árabe Al- Mugawir que significa “devastador”.
El historiador Bernat Desclot ofrece una descripción de estos guerreros : “Estos soldados llamados almogavares no viven para nada más que para la guerra, y no habitan en pueblos ni ciudades, sino en las montañas y los bosques. Luchan continuamente contra los sarracenos y realizan incursiones en su territorio durante uno o dos días, saqueando y capturando a muchos sarracenos, así como sus bienes. Y sufren muchas penurias que otros hombres apenas podrían soportar. A veces pasan dos días enteros, si es necesario, sin comer, y se alimentan de las hierbas del campo, sin sufrir daño alguno. Los adalides, sus jefes, los guían, pues conocen las regiones y los caminos del país. Los almogavares no visten más que una túnica o camisa, tanto en verano como en invierno, y alrededor de sus extremidades, calzones de cuero, y en sus pies, sandalias de cuero. Llevan a su lado una robusta espada con una gruesa correa y una vaina, que cuelgan del cinturón. Cada hombre tiene una lanza y dos jabalinas, y una alforja de cuero para llevar su comida. Estos hombres son sumamente fuertes y veloces para huir o perseguir, y son catalanes, aragoneses ,y algunos castellanos y sarracenos.”
La velocidad, resistencia y dureza de los almogavares los convertian en guerreros ideales para la misión que el rey Pedro les había asignado. “Aunque era una marcha de seis días desde Palermo a Messina, los almogavares llegaron a la ciudad en tres”, afirma Muntaner. “Y entraron en la ciudad de noche, por un lugar llamado Caperrina , tan secretamente que no fueron escuchados por las huestes enemigas”.

Colina de Caperrina, en Messina.
Al igual que en Palermo, los mesineses no se sintieron excesivamnte impresionados por la aparición de sus posibles rescatadores. Según Muntaner, a algunos se les escuchó decir: "No podemos contar con mucha ayuda si todos los guerreros del rey de Aragón son así”.
Los mesineses no tardaron mucho en darse cuenta de su error de apreciación del poder militar de los almogavares, ya que a la mañana siguiente de su llegada, salieron en tropel por las puertas y sorprendieron al ejército sitiador con un ataque tan devastador que, según Muntaner, consiguio que mas de dos mil angevinos quedaron muertos o moribundos.
Más importante aún, el episodio sirvió para hacer saber a Anjou que la llegada de Aragón, con todo su ejército, era inminente, aunque otras fuentes afirman que Carlos de Anjou ya habia sido informado con anterioridad de la presencia del ejercito del rey Pedro en la isla por dos frailes carmelitas que se habían cruzado con los emisarios de Aragón a su paso por Nicosia.
Independientemente de cómo hubiera recibido la noticia, a mediados de septiembre Anjou ya sabía que sería atacado por el ejército de Aragón mientras aún estaba inmerso en el asedio de Mesina, a no ser que lograra tomar la ciudad antes de su llegada. En consecuencia, ordenó un asalto total, por tierra y mar, el 14 de septiembre.
Al amanecer, los angevinos avanzaron por las llanuras costeras al norte y al sur de la ciudad, así como desde las tierras altas al oeste, con el fin de asaltar las murallas en varios puntos simultáneamente. Atacaron empleando todo tipo de ingenios y artificios de asedio imaginables. Los fundíbulos castigaban las almenas y los edificios situados tras ellas, mientras los arietes trataban de convertir en astillas las puertas mientras los zapadores socavaban sus cimientos.
Unas gruas depositaban puentes levadizos sobre los parapetos, permitiendo a los atacantes acceder a los caminos de ronda, y unas "cigüeñas" izaban jaulas repletas de combatientes por encima de las murallas para hacer llover proyectiles sobre los defensores. Y, por supuesto, cientos de escalas fueron apoyadas contra las fortificaciones exteriores por intrépidos infantes.
Alaimo da Lentini y sus soldados no iban a ser espectadores pasivos. Emplearon con gran eficacia todas las contramedidas disponibles en aquella época. Una lluvia de piedras azotó a los asaltantes, mientras el aceite hirviendo y la pez ardiente prendían fuego a sus máquinas de guerra.
Y los pocos combatientes franceses que lograron alcanzar lo alto de las almenas fueron recibidos con una andanada de flechas y virotes de ballesta, para terminar siendo rematados a espadazos.
Un cronista de la epoca ofrece una vívida descripción de las macabras consecuencias del combate en las murallas de Messina : ”Alrededor de la base de las murallas se extendía un espantoso cinturón de máquinas de asedio destrozadas, miembros cercenados y cadáveres sucios y mutilados que se iban poniendo rígidos en las convulsas posturas de la muerte”
Al mismo tiempo, se libraba una batalla por el puerto con una ferocidad similar, que arrojó un resultado parecido.
La flota angevina aprovechó un fuerte viento del norte para irrumpir en la entrada fortificada del puerto. En la vanguardia avanzaba una enorme “nave carica” , seguramente un buque de vela de varias cubiertas, destinado habitualmente al transporte de carga.
Escoltada por galeras de guerra, la nave estaba recubierta de pieles empapadas en vinagre ,a modo de protección ignífuga, y equipada con mangoneles y trabuquetes.
Impulsada por el viento, su inmenso tamaño y peso tenían como objetivo romper la pesada cadena que bloqueaba el acceso al puerto. Pero Alaimo había organizado una defensa formidable para frustrar esta táctica.
En la orilla opuesta a la punta del Braccio di San Raineri, que rodea el puerto, hizo construir un reducto de madera en el que estableció una guarnición. Dentro del puerto, tras la cadena, situó catorce galeras con sus tripulaciones al completo; seis de ellas estaban provistas de catapultas y balistas. En el centro, dispuso una torre de combate flotante, montada sobre dos taridas (embarcaciones de transporte) unidas entre sí. Más allá de la cadena, justo bajo la superficie, se habían tendido unas redes resistentes con la esperanza de enredar los timones de los barcos enemigos.
Todo funcionó a la perfección. La "nave carica" quedó rápidamente atrapada en las redes y, por tanto, inmovilizada, mientras los soldados mesineses ,apostados tanto en el reducto como en la torre flotante, barrían sus cubiertas con proyectiles de diversa índole. Con las velas destrozadas y la tripulación diezmada, la nave se vio obligada a retirarse —probablemente remolcada por las galeras angevinas— bajo una lluvia de piedras lanzadas por las catapultas.

Puerto de Messina, con el Brazzio di San Rainieri al sur.( siglo XVII )
(Continuara…)






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