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miércoles, 22 de julio de 2026

Roger de Lauria, Almirante de Aragon ( 15ª parte)

 


Viene de aquí:

  Carlos de Anjou llegó a las costas de Túnez la mañana del 25 de agosto, justo cuando su hermano, el santo rey francés Luis IX sucumbía a la misma disentería que ya había diezmado a su ejército, que languidecía bajo el abrasador sol del norte de África.

 La cruzada había fracasado por completo en su propósito, pero Anjou, sin embargo, logró su objetivo. Mantuvo el asedio de la ciudad el tiempo suficiente para convencer a Al-Mustansir de pagar reparaciones por su resistencia y reanudar el tributo al trono de Sicilia a una tasa anual incluso superior a la anterior.

Muerte del rey Luis IX de Francia.

 

 Lo más alarmante para los aragoneses fue que el tratado que el gobernante hafsída se vio obligado a firmar el 1 de noviembre, que concedía a los angevinos un barrio mercantil autónomo en Túnez, que competía con el de los catalanes.

  Sin embargo, la expedición no fue un triunfo absoluto para Carlos. Su flota de invasión fue azotada por una tormenta a su regreso a  su base en Sicilia, el puerto de Trapani. Dieciocho de sus barcos se hundieron y muchos otros resultaron gravemente dañados, dejando a su armada fuera de combate por un futuro próximo; un golpe que retrasó aún más sus aspiraciones de invasión de territorio bizantino.

  Pero Carlos no permaneció inactivo mientras su flota era reparada. Aprovechó una lucha por la sucesión que había estallado tras la muerte de Miguel II Comneno Ducas, déspota de Epiro, para ocupar Durazzo, dañada por un terremoto, a principios de 1271, lo que le permitió reclamar el título de “Rey de Albania”.

Durazzo.
 

  Durazzo se encontraba en el extremo occidental de la Vía Egnatia, la antigua calzada romana que terminaba en las puertas de Constantinopla. Este logro estratégico se vio reforzado por el hecho de que en 1269 Carlos había negociado una alianza matrimonial con el rey Bela IV de Hungría, por la cual la nieta de este último, María, se comprometió con su hijo mayor, Carlos el Cojo.

 Asi, en la primavera de 1271, la ruta terrestre para el asalto de Carlos de Anjou sobre la capital bizantina estaba totalmente abierta.

Via Egnatia.
 

  Pero una serie de acontecimientos imprevistos ralentizaron el progreso de sus planes de conquista poco después. En primer lugar, se produjeron enfrentamientos abiertos con Génova a finales de 1272, cuando Carlos comenzó a detener a los gibelinos genoveses en su territorio y a confiscar sus bienes.

 El segundo acontecimiento fue más grave. El papa Clemente IV había fallecido en Viterbo el 29 de noviembre de 1268 y, tras un largo paréntesis, Teobaldo Visconti lo había sustituido como Gregorio X el 1 de septiembre de 1271. A pesar de la decepción de la desastrosa segunda cruzada del rey Luis IX, el nuevo pontífice no había renunciado al sueño de rescatar lo que quedaba del reino latino de Jerusalén del azote mameluco y estaba convencido de que las posibilidades de éxito mejorarían drásticamente con el pleno apoyo del Imperio bizantino.

Mausoleo del papa Clemente IV en la basilica de Viterbo.
 

 En consecuencia, buscó activamente subsanar el cisma que había existido entre las Iglesias de Oriente y Occidente de la cristiandad desde mediados del siglo XI. El 31 de marzo de 1272, convocó el XIV Concilio Ecuménico, estableciendo como temas principales la cruzada para liberar Tierra Santa y la reunificación de las Iglesias latina y griega.

 Gregorio entonces hizo propuestas al emperador Miguel VIII Paleólogo para la participación de una delegación griega. Las negociaciones se prolongaron hasta 1273 y culminaron en una invitación formal.

 Comprendiendo que tales conversaciones podrían ser la mejor manera de evitar una invasión angevina contra él, Miguel aceptó. Mientras se desarrollaba este acercamiento, Gregorio prohibió a Carlos de Anjou iniciar hostilidades contra el Imperio griego.

 Así, los planes de expansión hacia oriente de Anjou quedaron nuevamente en suspenso, esta vez indefinidamente.

 El Segundo Concilio de Lyon, como se le conoció, se convocó oficialmente el 7 de mayo de 1274 y, después de que los enviados eclesiásticos griegos accedieran a la mayoría de las demandas del papado, se celebró una ceremonia formal de reconciliación el 6 de julio. Un legado papal, Bernardo de Montecassino, viajó posteriormente entre Nápoles y Constantinopla para concertar un acuerdo de reconciliación de un año entre el rey de Sicilia y el emperador bizantino, a partir del 1 de mayo de 1275. 

II Concilio de Lyon.
 

 Carlos aceptó porque aún estaba en guerra con los genoveses y los gibelinos del norte de Italia, pero seguramente se sintió algo frustrado al ver que sus planes para tomar el Imperio de Oriente se habían visto frustrados una vez más.

  Quizás como consuelo,  el papa Gregorio persuadió a María de Antioquía para que vendiera a Anjou su derecho a la corona del Reino Latino de Jerusalén. El papa Gregorio murió en Arrezzo el 10 de enero del año siguiente, pero Carlos concluyó el acuerdo con María el 18 de marzo de 1277 por 1000 libras de oro y una renta vitalicia de 4000 libras tornesas ( moneda de plata acuñada básicamente en Tours, de donde toma su nombre, equivalente a la veinteava parte de una libra, 20 gramos de plata aprox. ), lo que le permitió asumir inmediatamente el título honorífico de Rey de Jerusalén. Poco después, el 7 de junio, Anjou envió a Roger de San Severino, conde de Marsico, a Acre con una flotilla de seis barcos para reclamar el Reino Latino en su nombre como su vicario real.

 La muerte del papa Gregorio no supuso ningún cambio en la política papal. Los tres papas que le sucedieron (Inocencio V, Adriano V y Juan XXI) fallecieron en un lapso de dieciocho meses, así que ninguno de ellos tuvo mucha oportunidad de influir en los acontecimientos, aunque Inocencio V sí logró concertar la paz entre Génova y Anjou el 18 de junio de 1276.

 Tras la muerte de Juan XXI, quien heredo las llaves de San Pedro el 25 de noviembre de 1277 fue Giovanni Gaetano Orsini,un ferviente antiangevino. Con el nombre de Nicolas III, lo primero que hizo fue prohibir a Carlos de Anjou atacar al imperio bizantino.


 

 Pero la frágil tregua entre angevinos y bizantinos comenzó a desmoronarse con la repentina muerte de Nicolás III en Viterbo el 22 de agosto de 1280, a causa de un ataque al corazón.

 El cónclave que debía elegir a su sucesor pronto se estancó entre las facciones francesa e italiana del Colegio Cardenalicio. Después de seis meses, Carlos de Anjou decidió intervenir para forzar un resultado favorable a sus intereses ordenando a sus tropas asediar el palacio papal de Viterbo.

 El 22 de febrero 1281, el cardenal Simón de Brion, un sexagenario de escasa estatura que había servido como canciller del rey Luis IX (hermano mayor de Anjou), fue elegido como papa con el nombre de Martín IV. El nuevo papa, un chovinista galo declarado, no tardo en demostrar su predilección por la gloria angevina, convirtiéndose en el mas firme defensor de Carlos de Anjou.

Palacio Papal de Viterbo.
 

  Un mes después de su entronización , el papa Martín organizó una reunión en Orvieto a la que asistieron Carlos, Felipe de Courtenay (yerno de Anjou y emperador latino de Constantinopla) y representantes de la República de Venecia.

 El resultado fue un acuerdo secreto para la recuperación del Imperio bizantino  de manos del emperador Miguel Paleólogo . El tratado estipulaba que Carlos debía proporcionar unos 8.000 hombres de armas y sus caballos, así como los transportes necesarios. Supuestamente, también estaba obligado a suministrar veinte grandes buques de guerra y cien galeras ligeras, cifra que los venecianos debían igualar. La armada completa debía reunirse en abril del año siguiente.

 El 18 de noviembre, el papa Martín IV puso fin oficialmente al experimento de reunificación de ambas iglesias ( la iglesia romana y la ortodoxa griega de Bizancio ) mediante la emisión de una bula papal dirigida a una delegación griega en Orvieto, en la que excomulgaba al emperador Miguel VIII Paleólogo por herejía.

 


(Continuara…)

lunes, 6 de julio de 2026

Roger de Lauria, Almirante de Aragon ( 14ª parte)

 

Regno di Sicilia.

Viene de aquí :

  Las ordenes de Carlos de Anjou se cumplieron con una eficiencia inquebrantable, y toda la actividad económica privada paso a estar estrictamente regulada, y se requerían licencias para la importación o exportación de cualquier mercancía.

 Por supuesto, los ingresos  obtenidos por cualquier forma de intercambio comercial de cualquier tipo estaban sujetos al impuesto.

 Los caballeros estaban exentos de la subventio generalis, al igual que gran parte de la alta nobleza, que entonces era mayoritariamente francesa o provenzal . Así que la mayor carga impositiva recaía sobre la población autóctona. La corte complementaba los ingresos fiscales con multas y confiscaciones como castigo por cualquier intercambio comercial no declarado.

 Tampoco hubo relajación alguna de las obligaciones de los señores feudales. Carlos exigió que se cumplieran todos los requisitos del servicio militar sin excepción, incluidos los de las operaciones de la flota. Para la mayoría de los hombres de armas, se basó en el servitium militum heredado de la época normanda, que obligaba a cada señor feudal a proporcionar un milites (caballero) por cada veinte onzas de oro del valor de las tierras del señor feudal, junto con un cierto número de sirvientes (sargentos o soldados rasos).

 

  A los nobles que deseaban evitar dicho servicio se les permitía pagar un adoamentum de valor monetario similar. Pero Carlos de Anjou completo los rangos inferiores de su ejército y los barcos de su flota principalmente con reclutas, obligados a prestar servicio. Los agentes de reclutamiento recorrían pueblos y aldeas para encontrar suficientes soldados de infantería para el ejército real y remeros para la armada, reclutando a  la fuerza y sin tener en cuenta si el nuevo recluta tenia obligaciones familiares. Al contrario, se enviaba a luchar al extranjero a aquellos reclutas que tenían esposa e hijos en casa, a quienes se podía castigar si el recluta no se portaba bien.

 Así, los nuevos reclutas luchaban valientemente, ya que no podían soportar la alternativa de ver destruidos sus hogares o huertos, a sus familias encarceladas o a ellos mismos en el exilio.

 Pero no eran solo los elevados impuestos y el reclutamiento forzoso lo que comenzó a  enfurecer a los italianos del Regno que vivían bajo el control angevino.

  Sobre todo los sicilianos sentían estar oprimidos por una potencia extranjera. El dominio ejercido por la jerarquía armada francófona constituía una afrenta especialmente ofensiva para  los sicilianos.

  La negativa de Anjou a tomar en consideración a la pequeña nobleza y la elite urbana de la isla convenció  los nobles  sicilianos que su isla no era más que  una fuente de grano para financiar las campañas militares de Anjou en el extranjero.

  Al mismo tiempo, los elevados impuestos recogidos por Anjou  no generaban inversiones en Sicilia. Por ejemplo, Carlos de Anjou amplio y mejoró los puertos de Brindisi y Trani, en Apulia, pero  descuidó por completo los puertos de Palermo y Messina.

Castillo normando en Trani.
 

  Todo contribuyo a crear una explosiva atmósfera de resentimiento y animosidad siciliana contra el ocupante angevino, que no tardaría en estallar de forma sangrienta .

  Incluso antes de la batalla de Tagliacozzo, era evidente que las ambiciones de Carlos de Anjou iban mucho más allá de los límites del Mediterráneo occidental. Carlos tenía aspiraciones mucho mayores que el Reino de Sicilia.

  En mayo del año anterior (1267) se había reunido con Balduino II de Courtenay, el emperador latino exiliado de Constantinopla, en Viterbo, bajo los auspicios del papa Clemente IV.

  Aparentemente, el propósito era lograr la restauración de Balduino al trono de Bizancio, pero el precio que este último se vio obligado a pagar por el apoyo angevino evidenció la verdadera intención de Anjou: reclamar la corona del Imperio de Oriente para sí mismo .

Balduino II viajaba frecuentemente a Europa, siempre andaba escaso de fondos.
 

  Balduino llegó a la conferencia de Viterbo prácticamente sin recursos militares ni económicos y, por lo tanto, con escaso poder de negociación. Esto se debia a que había sido derrocado inesperadamente del poder por el ejército griego del emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo de Nicea en julio de 1261, en curiosas circunstancias.

Miguel VIII Paleologo, el ultimo gran emperador bizantino.
 

  Alexios Strategopoulos, general de Miguel, dirigía una pequeña fuerza que pasaba por la ciudad imperial camino a la frontera búlgara, cuando algunos lugareños le alertaron de que la mayor parte de la guarnición latina y el grueso de la flota veneciana habían desaparecido, supuestamente en una expedición para capturar Dafnusia (la actual Kefken), una isla en el Mar Negro, a unos 100 km al este del Bósforo.

  Estos aldeanos griegos también le hablaron de un pasadizo subterráneo que conducía a la ciudad. Así pues, durante la noche del 24 de julio, Strategopoulos ordenó a algunos de sus soldados de mayor confianza que se infiltraran y eliminaran a los guardias de las murallas y de las puertas.

 

  Para cuando Balduino despertó a la mañana siguiente, el derrocamiento era un hecho consumado. Logró resistir en el Palacio de Blachernae el tiempo suficiente para que la flota veneciana, que regresaba, lo rescatara y abandonara la capital bizantina a sus antiguos amos griegos.

 En consecuencia, Carlos de Anjou  se aprovecho de la debilidad negociadora de Balduino y pudo obtener algunas concesiones muy generosas por su colaboración, en forma de un ejército de al menos 2.000 caballeros.

  Estas concesiones incluían la soberanía del Principado de Acaya (el norte del Peloponeso) y del Reino de Tesalónica (Macedonia y Tesalia), junto con un tercio de cualquier otro territorio que el ejército angevino pudiera conquistar para él, con la excepción de la propia Constantinopla.

  A Carlos también se le concedió formalmente el control de la costa adriática entre Durazzo y Corfú. (Anjou había reclamado previamente la isla por derecho de conquista como dote de Helena, la esposa de Manfredo, a quien mantenía cautiva desde la batalla de Benevento).

 Más importante aún, Balduino consintió en que Felipe de Courtney ,su único hijo y heredero, se casara con Beatriz, hija de Anjou, con la condición de que, si Felipe fallecía sin descendencia, Carlos de Anjou se convertiría automaticamente en emperador del imperio bizantino.

  La boda no tardaría en celebrarse, el 15 de octubre de 1273, pocos días antes del fallecimiento de Balduino, quedando el titulo imperial en manos de Felipe, nuevo yerno de Carlos de Anjou.

 Carlos tenía previsto emprender su expedición de conquista de Constantinopla en el verano de 1270, pero la pasión de su piadoso hermano por impedir que lo que quedaba del Reino Latino de Jerusalén fuera engullido por la amenaza mameluca frustró sus planes.

 El sultán Baibars I de Egipto había capturado Cesárea el 5 de marzo de 1265, seguido de Arsuf en abril. Había destruido Jaffa a principios de la primavera de 1268 y aniquilado Antioquía el 18 de mayo.

Baibars, de esclavo a sultan de Egipto.
 

  Para entonces, el rey Luis IX ya había renovado sus votos cruzados y había comenzado los preparativos logísticos para una nueva expedición a Tierra Santa, que incluían contratos de alquiler de barcos con las principales potencias marítimas del Occidente cristiano: Marsella, Génova y Venecia.

 Era inevitable que convocara a su hermano menor para que se uniera a él. Así pues, la flota que Carlos había comenzado a reunir en los puertos de Campania y Apulia para la conquista de Constantinopla tuvo que ser redirigida para servir a la Octava Cruzada.

Luis IX embarcando para la  8ª cruzada.
 

  Con la esperanza de obtener alguna ganancia económica o territorial , Carlos logro desviar momentáneamente la atención de su hermano de los sucesos en Palestina al norte de África, afirmando que Túnez seria un excelente punto estratégico para el ataque a El Cairo, la capital de los mamelucos.

 Tambien se rumoreaba que el verdadero interés de Carlos de Anjou en el norte de África era recuperar el tributo que el sultán de Túnez habia pagado anualmente al rey de Sicilia desde la época de Roger II, consistente en más de 25.000 besantes ( moneda de oro bizantino, equivalentes a algo menos de  3.000 onzas de oro anuales ), una enorme suma de oro que contribuiria enormemente a subvencionar la campaña de Anjou contra lo que quedaba del imperio bizantino.

Roger II, rey normando que conquisto Sicilia.

 

(Continuara…)