Viene de aquí :
La táctica predominante en la infantería del ejercito español de la época empleaba una línea de fusileros compuesta por una o dos compañías, con una profundidad de dos a tres soldados.
La vanguardia contaba con el apoyo de tropas de la misma compañía, que se encontraban en la retaguardia para reforzarla en caso de que fuera necesario realizar el asalto. Estas tropas estaban cerca, pero al mismo tiempo, fuera del alcance del fuego enemigo.
Detrás de esta línea del frente, se encontraban las tropas de refuerzo, a nivel de batallón, y otras dos compañías. En total, el batallón contaba con entre cuatro y seis compañías, y posteriormente se añadió una compañía de ametralladoras Colt o Hotchkiss.
Si bien en teoría la formación era para escaramuza, para controlar a los reclutas que aún no eran combatientes individuales cualificados, la formación real era de orden cerrado, ocupando el batallón un espacio de 400 a 500 metros de frente por 300 a 600 metros de profundidad.
Por esta razón, las tropas, al estar concentradas, se veian sometidas al fuego rifeño hasta que se encontraban a corta distancia, momento en el que se recurría a un asalto a la bayoneta para ocupar la posición, ya que los moros temían el enfrentamiento físico, al igual que los bóers o los estadounidenses contra los británicos.
La inexperiencia de los reclutas obligaba a los oficiales y jefes a exponerse al fuego enemigo para dirigirlos, dar ejemplo y elevar la moral. Sin embargo, cuando varios de ellos caian en combate, las tropas, aterrorizadas y descontroladas, entraban en pánico, como ocurriría años mas tarde en el Barranco del Lobo.
Dadas las malas experiencias con los reclutas, se llegó a la conclusión de que era útil contar con soldados mejor entrenados y buenos tiradores individuales, más agresivos y que conocieran el terreno y las costumbres rifeñas, y supieran cómo aprovecharlas.
Para ello, no había nada mejor que comenzar a reclutar soldados marroquíes al servicio de España, muchos de ellos antiguos guerrilleros rifeños que combatían como tales. Estos soldados eran voluntarios y recibían un salario, lo que constituyó un primer paso hacia la creación de unas fuerzas armadas profesionales.
La primera unidad asi creada fue la Policía Indígena, formada en Cabo de Agua y La Restinga, ocupadas en 1908, que en diciembre de 1909 se amplió a tres compañías a pie y otra a caballo con rifeños procedentes de las cabilas de Guelaya.

Policia indigena de Tanger, aprendiendo español.
En enero de 1912 ya había 663 hombres agrupados en seis compañías, una por tribu o cabila: la 1.ª Quebdana, la 2.ª Mazuza, la 3.ª Beni Sicar, la 4.ª Beni Bu Ifrur, la 5.ª Beni Bu Gafar y la 6.ª Beni Sidel.
Entre 1910 y 1912, también se crearon batallones ligeros en la zona occidental del Protectorado, que recibieron el nombre de Tánger, Tetuán, Larache , Casablanca, Alcazarquivir y Arcila, con tres compañías cada una, a razón de 254 soldados por batallón.
En 1920 ya había 30 compañías en todo el Protectorado. Sin embargo, en el desastre de Annual en 1921, prácticamente toda la Policía Indígena desertó o fue aniquilada.
Sus fuerzas fueron reemplazadas por el llamado Yaich de Abd el-Kader, en Beni Sicar, que custodiaría Guelaya. A partir de 1922, se integraron progresivamente en las Mehalas, otra unidad nativa,
Más fiables y con mejores resultados fueron los llamados Regulares, creados por el teniente coronel Dámaso Berenguer Fusté. Estos también estaban compuestos por voluntarios marroquíes con comandantes españoles.
Siendo una unidad de choque, los más agresivos y competentes oficiales solicitaron ser destinados allí, lo que mejoró sustancialmente la calidad de la unidad, convirtiéndola en un cuerpo de élite.
Así, el comandante Franco, José Sanjurjo, Emilio Mola, José Millán-Astray, Juan Yagüe y José Enrique Varela, futuros líderes rebeldes durante la guerra civil, se formaron y sirvieron en los Regulares.
El primer batallón, de 800 infantes y 100 jinetes, se creó en Melilla en 1911. En 1912 ya existían dos Tabores con 1238 soldados, y se creó un tercero en Ceuta. En 1914 se organizaron cuatro Grupos de Regulares, cada uno con dos Tabores de infantería y uno de caballería. En 1919, estos Grupos se denominaron 1.º de Tetuán , 2.º de Melilla, 3.º de Ceuta y 4.º de Larache.

Escuadra de regulares, liderada por un cabo español, a la derecha.
Cada Tabor contaba con 122 soldados y oficiales españoles y 341 marroquíes. En agosto se añadió una compañía de ametralladoras, con lo que su potencia de fuego superó a la de los soldados de línea y los Cazadores: estos últimos disponían de una compañía de ametralladoras por cada cuatro o seis compañías, mientras que los Regulares contaban ahora con una por cada tres, y además eran unidades más pequeñas y más flexibles.
El 2.º Grupo fue aniquilado o desertó en masa durante el desastre de Annual en 1921, pero España aún conservaba su confianza en estas unidades. Sin embargo, en ocasiones, solo se les proporcionaban suficientes fusiles para los centinelas, y los fusiles permanecían encadenados hasta el momento del combate.

Regulares esperando el rancho.
En 1922 se creó el 5.º Grupo de Alhucemas, y en 1924 se añadió un cuarto Tabor a cada uno de los Grupos, que eran todos de infantería desde 1921, aunque posteriormente se convirtieron en tres de infantería y uno de caballería, excepto Larache, que contaba con cuatro de infantería y uno de caballería debido a la gran cantidad de moros simpatizantes de España que se encontraban allí.
Su uniforme era muy característico: un fez o tarbuch rojo, una chaqueta corta de zuavo y pantalones anchos de color marrón claro. La caballería llevaba turbantes, al igual que todas las tropas entre 1922 y 1923. Por otro lado, cada uno de los Grupos llevaba una faja de un color diferente: azul índigo para el 1.º, rojo para el 2.º, verde claro para el 3.º, azul oscuro para el 4.º y rojo amaranto seguido de verde para el 5.º.

Regular con uniforme de paseo.
Otra unidad autóctona fueron las Mehalas Jalifianas, creadas a partir de 1913.

Mehala Jalifiana, con el oficial español al mando a la izquierda, con el salacoff.
Estas eran unidades completamente indígenas, a excepción de un grupo de instructores, que servirían de base para el futuro Ejército Real Marroquí o Majzen.
En 1915 ya existían seis Mehalas de infantería y dos de caballería, con 110 soldados por Mía ( equivalente a una compañia ) de infantería y 75 de caballería, agrupados entonces en dos Tabores.
En 1922 comenzaron a incorporar a todos los supervivientes de la Policía Indígena tras el desastre de Annual. Las nuevas Mehalas formadas en 1923 constaban de tres Tabores de infantería y un Tabor de caballería cada una.
La 1.ª Mehala era la de Tetuán; la 2.ª, la de Melilla; la 3.ª, la de Larache; la 4.ª, la de Xaouen (Xauén), disuelta en 1925; y la 5.ª, la de Tafersit.
En 1926, a partir de la Harka del comandante Capaz, se formó la 6.ª Mehala de Gomara y se renombro la 4.ª Mehala, ahora llamada Yebala.
En 1925 ya había 5.230 soldados marroquíes y 265 españoles distribuidos en nueve Tabores y 48 Mías. Eran unidades muy ligeras, especialmente adaptadas para la guerra de montaña, sin ametralladoras, solo con fusiles y granadas de mano, que destacaron especialmente en las campañas de 1926 y 1927.
Finalmente, existían otras unidades marroquíes de menor importancia. Las más destacadas fueron las unidades irregulares de guerrilla aliadas a España, llamadas Harkas amigas, al principio bajo el mando de comandantes marroquíes como Abd el-Kader, pero más tarde bajo el de comandantes españoles como Varela o Muñoz Grandes.
Muchas de estas harkas sumaban entre 100 y 200 guerreros, pero los más poderosos contaban con entre 1.000 y 1.500, lo que da una idea del limitado potencial bélico de los rifeños, fueran rebeldes o no.
Estos grupos destacaron sobre todo durante el desembarco de Alhucemas en 1925 hasta el final de la guerra. Más prescindibles fueron los Goums y los Younds, de origen francés, unidades irregulares de unos 100 guerreros, que apenas tuvieron repercusión en España.
Finalmente, los Idalas eran una especie de harkas aliados, pero más pequeños y totalmente improvisados, generalmente se formaban a partir de un grupo de cabilas recientemente ocupadas que se ofrecían a vigilar a sus vecinos para los españoles. Ayudaban a las Mezhanías, una especie de policía indígena controlada por las llamadas Oficinas de Intervención, en sus funciones de control.

Informe de reconocimiento medico de un recluta de regulares.
(Continuara…)





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