martes, 15 de abril de 2025

Oda Nobunaga, unificador de Japón ( 10ª parte )

 

Hideyoshi Toyotomi.

Viene de aquí:

  Desde sus cuarteles generales en Nagoya, Hideyoshi recibió  disgustado la noticia del fracaso de su ofensiva.

  No conocía las dificultades logísticas por las que pasaba su ejercito de  invasión en Corea, y culpo de la derrota a la falta de entusiasmo de sus generales, anunciándoles que el mismo marcharía a Corea para tomar el mando de sus ejercitos, asegurando un triunfal retorno a Japón.

  Pero su viaje a Corea se fue retrasando desde julio de 1592 hasta principios de 1593, cuando envió a  dos representantes a Seúl para recordar a sus generales que pronto estaría en Corea con más de 200.000 soldados de refuerzo y sus mejores generales.

  La anunciada  llegada de los refuerzos a Corea fue vista por el alto mando japonés con cierta aprensión. Si no podían alimentar convenientemente a los soldados japoneses que ya se encontraban allí, ¿ cómo iban a poder alimentar a 200.000 mas ?

  Así que enviaron una carta a Hideyoshi rogándole aplazara su llegada a Corea por la critica escasez de suministros,  al menos hasta mediados de mayo.

  En Pusan, en donde Hideyoshi Tenia previsto desembarcar, también habia escasez de suministros, y no se esperaba que la cosecha de trigo fuera buena.

  Los generales japoneses en Corea estaba en una disyuntiva. No podían permanecer en Seúl o Pusan esperando indefinidamente a que al situacion de  la escasez de suministros se arreglara por si sola. Tampoco podían marchar hacia el norte, con buena parte de sus tropas hambrientas y extenuadas. Así que el único curso de acción posible era marchar hacia el sur.

.Los generales japoneses enviaron un mensajero al comandante de las tropas chinas en Corea, el general Li Rusong , expresando el deseo de llegar a un acuerdo. Li Rusong, que tenía exactamente el mismo deseo, replicó que estaba de acuerdo, siempre y cuando las tropas japonesas evacuaran Seúl y marcharan hacia el sur ( algo que los generales japoneses ya tenían previsto hacer).

Li Rusong.
 

 Hideyoshi fue informado de las negociaciones, y dio su autorización escrita para la retirada, ya que asi conseguiria  sacar a los chinos de Corea.

  Mientras, el rey Seonjo y sus cortesanos habían abandonado la ciudad de Uiju, en la frontera chino-coreana, para dirigirse hacia Seúl.

  A primeros de marzo llegaban a Sukchon, a 50 kilómetros de Pyongyang, y en abril llegaban a a Haeju, a medio camino entre Pyongyang y Seúl.

  Habiendo sido relegados al rol de jugadores de bajo nivel por japoneses y chinos, el rey Seonjo y sus ministros habían sido mantenidos al margen de las negociaciones entre chinos y japoneses. Durante algunas semanas, los coreanos siguieron esperando que los chinos renunciaran a pactar un acuerdo con los japoneses y volviera a verse en acción el ejército chino en las tierras coreanas, para expulsar a los japoneses primero de Seul, despues de Pusan, y finalmente de toda Corea.

  El rey Seonjo envió entonces órdenes a Yi Sun Shin, almirante de la flota coreana de la provincia de Cholla, para interceptar la flota del enemigo y hundirla, ya fueran navios de guerra o de transporte de grano. Si el almirante Yi Sun Shin lo conseguía, Corea aun podría lograr la victoria total sobre los japoneses que habían hollado el suelo de  su patria.

 

  El 8 de marzo, Yi Sun Sin zarpaba, llevando su flota hacia el este, a un canal entre la isla de Joje y la costa continental de Corea, donde ya habia derrotado a la flota imperial japonesa en la batalla de Hansan Do, en agosto del año anterior.

  Allí se reunió con la flota de la provincia de Kionsang , liderada por el almirante Won Kiun, considerado por Yi Sun Shin como un incompetente almirante, además de cobarde y alcohólico.

  Nada más llegar la flota de Yi Sun Shin , Won kiun anuncio sus intenciones de atacar a la flota japonesa de inmediato, aunque Yi Sun pudo calmar momentáneamente a su  colega.

 

  Durante los dos días siguientes, y debido a  las intensas lluvias, la flota combinada coreana permaneció anclada en las cercanias de la isla de Koje. Cuando el tiempo mejoró, la flota zarpó hacia el este, hacia la isla de Kadok, donde los japoneses habían construido defensas para mantener sus barcos a salvo y poder utilizarlos para proteger las rutas hacia Pusan.

 Los siguientes días, Yi Sun envió pequeños grupos de navíos a la vista de las posiciones enemigas, esperando llamar la atención de  los navíos para incitarlos a salir a mar abierto., en donde esperaba el grueso de  la armada coreana, que contaba con al menos dos gobukseon , dos navios tortuga.

 

  La espera y la paciencia coreana dieron sus frutos, y veinte días después de su llegada a la zona, 10 navíos japoneses mordieron el anzuelo, zarparon de la isla de Kadok y se internaron en mar abierto, en busca de la flota coreana.

  Los navíos japoneses fueron rodeados, y la superior artillería y la pericia de los arqueros coreanos aniquilaron a las tripulaciones japonesas.

  Tras la debacle sufrida, los japonés fueron más cautelosos, ningun barco mas volvio a  salir, y se dedicaron a reforzar sus posiciones defensivas para proteger a sus barcos, que siempre permanecian cerca de la costa , cubiertos por su artillería.

 Asi, Yi Sun decidio sustituir su tradicional método de provocar emboscadas, por algo más agresivo : un ataque combinado , desde tierra y desde el mar al mismo tiempo.

  Primero ordenó a Kim Song Il, gobernador de la provincia de Kiongsang enviar todas las tropas que tuviera para atacar las posiciones defensivas japonesas en la costa, para que los japoneses se vieran obligados a mover su artillería terrestre, lo que dejaría desprotegidos a su barcos.

  Pero Kim Song Il no podía cumplir con lo requerido, ya que tenia pocas tropas, a penas las suficientes para proteger su propio castillo. Pero, a cambio, pudo ofrecer los servicios de las tropas del general Kwak Chaeu, el "general de la tunica roja",  líder de un pequeño grupo de  guerrilleros, más habituados al saqueo y al robo que al combate.

Kwak Chaeu.

 Yi Sun decidio entonces no contar con mas ayuda, y decidió sustituir el ataque terrestre por una operación anfibia con monjes guerreros y milicianos civiles que conocían la costa.

  Los siguientes tres días, el viento impidió a la flota coreana salir a mar abierto. Al amanecer del día 24 desde su llegada a la zona, Yi Sun saco a la flota para iniciar la operacion.Dos grupos de  barcos llenos de monjes guerreros y milicianos armados se separaron de la  flota, y se dirigieron hacia ambos flancos de la ciudad de Ungchon, , donde se encontraban las posiciones defensivas japonesas más fuertes.

 

  Monjes y milicianos desembarcaron al este y al oeste de Ungchon, provocando el desconcierto de los defensores, que enviaron varios barcos a repeler los desembarcos. Pronto, buena parte de la flota japonesa se encontraba en mar abierto, presentando a Yi Sun la oportunidad que esperaba.

  Yi Sun ordeno a los remeros de su flota remar a la máxima velocidad, y pronto el grueso de la flota  coreana caía sobre los navios japoneses que se encontraban en mar abierto, usando su artilleria a placer, y miles de flechas  para incendiar las velas de los navios enemigos.

  Yi Sun había reservado una cincuentena de sus navíos más ligeros y de menor calado  para atacar a los navíos japoneses que no habían dejado sus amarraderos del puerto de Ungchon, y no tenían ninguna posibilidad de escapar.

  Mientras, las operaciones de los monjes y milicianos desembarcados continuaban durante todo el dia y parte de la noche, hasta que los defensores   huyeron en desbandada, dejando un altísimo número de muertos y heridos.

  El 5 de abril, el almirante Yi Sun recibía noticias del norte , del comandante en jefe de las tropas chinas en Corea, que le informaba que debía retirarse hacia Pyongyang, y que la prevista ofensiva hacia el sur del ejercito chino no seria posible tan pronto como se esperaba.

  Eran malas noticias para el almirante Yi Sun,que había esperado que la ofensiva china obligaría a los japoneses a retirarse de Corea en su flota, así que la batalla decisiva que Yi Sun esperaba, tendría que esperar.


 

(Continuara…)

lunes, 7 de abril de 2025

1808 ; Napoleon : 2ª guerra peninsular (8ª parte)

 

"Batalla de Somosierra", obra de Louis Francois Lejeune.

Viene de aquí :

 Al frente de la infantería de línea francesa marchaban los voltigeurs.

  Compuestas por los mejores tiradores del regimiento, estas unidades  especialmente entrenadas cubrían el ataque de la infantería avanzando por delante de la línea principal en formación dispersa ,tratando de desorganizar las posiciones defensivas del enemigo con su certero fuego de mosquete. 

 

  Sin embargo, ese día, la combinación de niebla y terreno accidentado ralentizó el avance francés en las laderas, y en cuanto los voltigeurs entraron en contacto con los españoles, bien posicionados, fueron recibidos con una descarga cerrada de mosquetes.

  El 96.º  de línea avanzo con menor dificultad por la carretera hasta llegar al puente sobre el  rio Duratón, donde fue recibido con fuego de la primera batería española. Otro obstáculo para el ataque francés fue el daño que los españoles habían causado al camino que conducía al paso. 

  En consecuencia, la artillería francesa tardó en apoyar a su infantería. Además, la estrechez del camino era tal que solo tres cañones , dos de 8 libras ( disparaban proyectiles de 4 kilos de peso, aprox. ) y un obús de 24 pulgadas del 3.er Regimiento de Artillería a Caballo, pudieron desplegarse en apoyo de la infanteria.

 

  La primera batería española constaba de solo dos cañones de 4 libras, pero contaba con la ventaja de la elevación del terreno y de un parapeto de tierra bien prensada. En la estrechez del paso, los dos cañones demostraron ser mortalmente efectivos. Los cañones franceses fueron rápidamente atacados y no pudieron concentrarse eficazmente en las posiciones españolas durante mucho tiempo antes de tener que cambiar a posiciones mas seguras.

  En algún momento entre las 11 de la mañana y el mediodía, la niebla finalmente comenzó a disiparse, y Bonaparte ordenó al teniente Andrzej Niegolewski, el oficial más joven del regimiento, que tomara un pelotón de caballeria ligera del 3er Escuadrón, reconociera las posiciones enemigas lo mejor que pudiera y capturara prisioneros españoles para interrogarlos. El emperador se adentró entonces en el desfiladero para observar la situación por sí mismo, acompañado por el resto de la caballeria ligera y dos escuadrones de cazadores a caballo. 

 

 Una vez avistado el puente de piedra, Bonaparte y su séquito fueron atacados por la primera batería. Mientras las balas de cañón silbaban y resonaban a su alrededor, el emperador, catalejo en mano, comenzó a frustrarse cada vez más por el lento avance de la infantería. Ignorando la preocupación de su estado mayor por su propia seguridad, se dirigió al coronel Piré, ayudante de campo del mariscal Berthier, y le ordenó que tomara el 3er Escuadrón y comprobara por sí mismo si era posible tomar la primera batería.

"Napoleon con su estado mayor en Somosierra". obra de  Wojciech Kossak.
 

  Piré obedeció, pero al comprobar con sus propios ojos la fortaleza de la posición española y la estrechez del camino, regresó rápidamente para informar que era imposible tomar el cañón desde el frente. Al oír estas palabras, la ira de Bonaparte estalló. " ¿Imposible? No conozco esa palabra " " ¡Mi guardia detenida por españoles, por una banda de campesinos armados! ."Se volvió  hacia el mayor de Ségur, quien antes había liderado a los Cazadores a Caballo por el paso, y le indicó que ordenara al escuadrón de guardia que tomara los cañones.

 Aunque el significado exacto de la orden de Bonaparte sigue siendo confuso hasta el día de hoy, lo más probable es que exigiera a los polacos que tomaran solo la primera batería y abrieran camino a la infantería de Ruffin, que se había quedado atascada.

 Para el jefe de escuadrón Kozietulski, sin embargo, una orden del emperador era incuestionable, por ambigua que fuera. "¡Adelante, hijos de perra, el emperador os observa! " gritó a sus soldados, que cabalgaron entre resonantes cánticos de «¡Viva el Emperador!» .

 El 3.er Escuadrón estaba compuesto por dos compañías: la 3.ª, al mando del capitán Jan Dziewanowski, y la 7.ª, al mando del capitán Piotr Krasinski. Se estima que la dotación del escuadrón en el momento de la carga era de unos 150 sables. Sin embargo, su número exacto es difícil de determinar, ya que el pelotón de Niegolewski aún se encontraba en misión de reconocimiento y había más hombres en el hospital o destinados a otros lugares.

  La estrechez del camino obligaba al escuadrón a cabalgar en una columna de unos cientos de metros de longitud, con cuatro caballos de frente. Este tipo de formación, engorrosa, dificultaba el trote en la pendiente y era mucho más adecuada para marchar que para cargar. A medida que los polacos se dirigían hacia el puente de piedra y la primera batería española, se convirtieron en un objetivo claro para la infantería española en las laderas. 


 

   Cuando el escuadrón polaco llegó a unos 200 metros de la primera batería, fueron acribillados por una salva de los cañones españoles que destrozó el frente de la columna y detuvo brevemente la carga.

  Sin embargo, los polacos se reagruparon rápidamente y, aún bajo fuego desde las laderas, continuaron hacia su objetivo. Al acercarse el escuadrón a la batería, los artilleros españoles cambiaron a metralla con un efecto letal, y el camino pronto se llenó de hombres y caballos muertos y heridos. Sin embargo, los polacos habían llegado demasiado lejos para dar la vuelta una segunda vez, y se lanzaron contra la primera batería, acribillando furiosamente a los desconcertados artilleros. 

 

  Tras haber superado los cañones, los jinetes del 3er Escuadrón  habían cumplido su objetivo y podrían haberse detenido para esperar a la infantería. Pero con sus monturas ganando velocidad y el fuego desde las laderas aun centrandose en ellos, continuaron hacia la segunda batería. La niebla, aunque más ligera que al principio del día, aún flotaba en el aire y era tan densa que los polacos no podían ver lo que les aguardaba más arriba en el paso. Era igual de cegadora para los defensores españoles, quienes, incapaces de distinguir con exactitud cuántos jinetes se dirigían hacia ellos, solo podían sentarse a escuchar a ciegas mientras el estruendo de los cascos se acercaba.

 Fue en ese momento que el escuadrón recibió refuerzos muy necesarios del pelotón de Niegolewski, que había regresado de su anterior misión de reconocimiento. Tras capturar prisioneros según las órdenes, el pelotón regresó a las líneas francesas, donde desmontó y comenzó a limpiar su equipo. Al avistar la carga de sus camaradas, Niegolewski no esperó órdenes. Animó a sus hombres con gritos de "¡Adelante, viva el emperador!" e inmediatamente emprendió el camino para unirse al resto del escuadrón, recogiendo a los rezagados en el camino.

 Cuando los polacos se acercaron a la segunda batería, el líder del escuadrón Kozietulski desmontó y quedó atrás gravemente herido. El mando pasó entonces al capitán Dziewanowski, quien lideró la columna, abriéndose paso entre los cañones españoles, silenciando la batería y dispersando a los defensores.

"Kocietulski en la batalla de Somosierra", obra de Henryk Pillati.

 

 Espoleando a sus furiosas monturas, los polacos continuaron ascendiendo por el paso, cada vez más estrecho y en pronunciada pendiente, hacia la siguiente batería. Cuanto más avanzaban por el paso, más intenso se volvía el fuego, tanto de las laderas como del cañón que tenían delante.

Justo antes de llegar a la tercera batería, el teniente Rowicki le gritó a Niegolewski que su caballo habia enloquecido. Niegolewski, al darse cuenta de que los aterrorizados animales corrían por instinto, le gritó que soltara las riendas. Sin embargo,  Rowicki ya no le escuchaba, ya que fue decapitado casi de inmediato por una bala de cañón.

 Ya  a la vista de la tercera batería, Dziewanoski cayó de su caballo y quedó a un lado del camino, sangrando profusamente, con una pierna y un brazo destrozados. El mando pasó de nuevo al capitán Krasinski, quien ahora lideraba tantos caballos enloquecidos y sin jinete como soldados de caballería que se abrían paso a la fuerza contra la tercera batería.

 Para entonces, los defensores españoles, conmocionados por la velocidad y la fuerza de la carga y aún incapaces de discernir con exactitud cuántos jinetes se acercaban, comenzaron a dispersarse, tanto soldados  del ejército regular como milicianos .

  Tanto en el camino como en las laderas, comenzaron a retirarse presas de un pánico creciente hacia la batería principal en la cima, donde les aguardaba a los jinetes polacos el mayor desafío hasta entonces. Habiendo llegado más lejos de lo esperado, la caballería, exhausta, se enfrentaba ahora a diez cañones fortificados y a la principal reserva española.


 

(Continuara…)