martes, 30 de marzo de 2021

192 a.c.: Cinoscefalos, el fin de la falange macedonia ( 15ª parte )

 

Busto de Antioco III en el Museo Metropolitano de  Arte de New York

Viene de aquí:

  Aunque en Roma había preocupación por saber que opción  iba a escoger el rey Filipo, el macedonio de ninguna manera iba a  aliarse con los etolios, sus enemigos atávicos, ni con Antíoco, el rey seleucida que pretendía apoderarse de parte de Grecia que el propio Filipo consideraba suya.

  Había permitido la incursión seleucida en Tracia por qué no tenia otra opcion, pero no iba a permitir que Antioco usara Tesalia para sus maquinaciones, ya que en Macedonia se consideraba que Tesalia era parte de la antigua Macedonia, y nunca se iba a ceder, al menos sin lucha.

  Antioco y su ejercito llegaron a Cinoscefalos, y enterraron a los muertos macedonios que aun yacían en los campos, algo que Filipo no había sido capaz de hacer. Quizás esa humillación, que el ejercito de una potencia extrajera se ocupara de enterrar a los soldados macedonios muertos, convenciera a Filipo de la necesidad  de ubicarse en el bando  romano.

  Asi, recibió educadamente a los civiles romanos que huían de Tesalia ante el avance seleucida, y recibió con todos los honores  al pretor Baebio, al que prometió su apoyo, tanto militar como diplomático.

  En respuesta, los romanos garantizaron a  Filipo que, si conquistaba alguna ciudad a los selecucidas, podría incorporarla a Macedonia.Esta garantia también servía como estimulo a las ciudades que no deseaban volver a estar bajo control macedonio, y la unica manera de hacerlo era resistir a los seleucidas cuanto pudieran.

  La ciudad de Larissa llevaba meses resistiendo el acoso tanto de los mercenarios etolios de Aminandro como de los seleucidas, que trataban desesperadamente de tomar el control de la importante ciudad. Una pequeña fuerza  romana enviada por el pretor Baebio había acampado a vista de pájaro de la ciudad, y los soldados habían encendido gran cantidad de hogueras para hacer creer a los seleucidas que había un gran ejercito romano en la zona.

Ruinas del teatro romano de Larissa.
  

  Cuando los seleucidas descubrieron la trampa ya era tarde, la temporada de guerras había terminado y llegaba el invierno del año 191 a.c.

  Antíoco había encontrado una nueva esposa en Eubea, y los romanos aprovecharon la ocasión para una campaña de propaganda, afirmando que el rey seleucida iba  a pasar el invierno retozando con su nueva esposa en vez de preparar la guerra de la siguiente primavera.

  Pero la realidad es que ambos bandos estaban reforzándose para lo que ambos sabían iba a ser la batalla decisiva por el control de Grecia.

  La campaña del año 191 a.c. comenzó pronto, cuando los sorprendidos tesalios vieron a los soldados del rey de macedonia y del pretor romano combatir hombro con hombro.

  Macedonios y romanos habían pasado las primeras semanas del año ocupando ciudades de tamaño medio en Tesalia y la importante fortaleza de Gomfi, esperando la llegada de refuerzos que se materializarían a mediados de abril con la llegada de 20.000 infantes, 2.000 jinetes y 15 elefantes al mando del cónsul Manio Acilio Glabrio.

Gomfi (Gomphoi).
  

  Los macedonios del rey Filipo consiguieron levantar el asedio de Larissa, y los mercenarios de Aminandro huyeron a Atamania tras el ataque relámpago macedonio.

  Filipo no tardo en ocupar Atamania, sin necesidad de combatir. Los ciudadanos de Atamania no confiaban en Aminandro tanto como para entregar sus vidas defendiendo su reino, y Aminandro marcho al exilio junto con su familia y la mayor parte del tesoro  real atamano.

  Las tropas del cónsul Glabrio permanecieron a la espera mientras Antioco se dedicaba a recoger los refuerzos que a duras penas lograban atravesar el mar Egeo en pequeños navios.Pero los 5.000 soldados seleucidas que habían llegado a Tesalia apenas iban a servir para reemplazar a los hombres que Antioco había perdido en Larissa.

  En apenas tres semanas, la práctica totalidad de Tesalia estaba en manos romanas.Si Antioco quería evitar que los romanos ocuparan toda Grecia debía actuar de inmediato, con las fuerzas que tenía a su disposición.

  Afortunadamente, había un lugar en Grecia en donde un poderoso ejército que llegase desde el norte podía ser detenido por una fuerza mucho menor en número: el paso de las Termopilas, donde los espartanos del rey Leónidas habían detenido durante varios días a las miríadas de soldados persas del rey Jerjes.

  

  Antíoco había vuelto a solicitar la ayuda de los etolios, argumentando que ellos eran una de las razones por la que los seleucidas habían desembarcado en Grecia.Pero  ya había una poderosa fuerza de combate romana en Grecia, y los etolios, que ya habían combatido a los romanos no hacia muchos años, eran reacios a participar en la guerra.

  Además, el hecho que el ejercito macedonio estuviera por entonces invadiendo Atamania, en la frontera norte de Etolia, significaba que los etolios no iban a  poder enviar refuerzos a Antioco, en el este de Grecia, ya que debían defender su tierra del inminente ataque de los soldados de Filipo.

  Habiendo atacado Etolia dos veces en los últimos 10 años, Filipo conocía perfectamente la zona y sabia por donde llegar a las principales ciudades etolias. Pero, aunque los etolios  dedicaron casi todos sus esfuerzos a lo que pudiera pasar en su frontera norte, pudieron enviarle a Antioco un contingente de 4.000 soldados.

  Antioco interpreto el  envió  del pequeño refuerzo  etolio  como una falta de entusiasmo de los etolios para el combate que se avecinaba. Así que envió a los etolios a realizar tareas de guarnición, enviando a  2.000 hombres para proteger la ruta de aproximación que por el norte llegaba a las Termopilas desde Herakleia a través de Trachias, y los otros 2.000 etolios fueron desplegados en las colinas que rodeaban monte Calidromo, la montaña que dominaba la zona entre las Termopilas y el mar.

  En las Termopilas, los seleucidas de Antioco ocuparon posiciones tras dos líneas de fortificaciones de piedra, apoyados por maquinas de asedio.

  Durante unos días, parecía que Antíoco y sus 10.000 soldados iban a lograr lo que el rey Leónidas  había logrado con sus 300 espartanos siglos atrás. Los soldados romanos se estrellaban una  y otra vez con la falange seleucida en un estrecho frente, sin posibilidad de atacar por el flanco.Ademas, los etolios y la infantería ligera seleucida ocupaban las colinas y lanzaban sus jabalinas sobre los romanos sin oposición.Durante un tiempo los romanos estuvieron a punto de ser cercados, con la falange ante ellos, el mar a su izquierda y los etolios a su derecha. Y los 2.000 etolios que guardaban Heracleia esperaban el momento ideal para atacar el campamento romano desde la retaguardia.

Sector norte del paso de las Termopilas, visto desde el castillo de Mendenitsa
  

  Pero el cónsul Acilio Glabrio conocia la historia, y sabia que la única manera de vencer en las Termopilas era forzar el paso y utilizar por la noche los caminos que transitaban por el monte Calindromo.

  La tarea le fue encomendada a dos grupos, uno liderado por Lucio Valerio Flaco, con la tarea de expulsar a los etolios de sus posiciones defensiva en el monte Tichius.El otro grupo iba a estar liderado por Marco Porcio Caton, el hombre que más tarde ligaría su nombre a la historia de Roma con el nombre de Catón el Censor, o Caton el Viejo, que debía tomar la ruta que pasaba directamente por el monte Calindromon.


 

(Continuara…)

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