miércoles, 4 de julio de 2012

Maneras de vivir; El matrimonio en Grecia y Roma.



En Grecia era normal que muchas novias se encontraran por primera vez con el novio el mismo día de la boda. El matrimonio se negociaba como una transacción comercial y no era necesaria la presencia de los novios para concertar tal matrimonio, únicamente los padres y los respectivos testigos tenían que estar presentes.

Así que, cuando al anochecer del día de su boda, la novia abandonaba la casa donde había transcurrido su infancia y se dirigía a la casa de su esposo, en la mayoría de las ocasiones el acontecimiento se transformaba en una experiencia traumática para ella.

El día anterior a la boda la novia sacrificaba sus juguetes a la diosa Artemisa, una diosa virgen adecuada para que una doncella le ofreciera los juguetes asociados con su propia pureza.

Ese mismo dia, se le llevaba a la novia agua en una vasija llamada loutrophoros para que tomara un baño ritual para purificarse.Seguramente, el novio también usaba esa misma agua para su propio baño.

Loutrophoros.

A menudo, el loutrophoros se colocaba sobre la tumba de aquellos que morían sin contraer matrimonio, ya que los griegos creían que el alma de quienes morían sin casarse permanecían en una especie de limbo, en el caso de las mujeres porque no habían podido cumplir su misión social como esposas y madres, y en el caso de los hombres por que no habían podido engendrar hijos ni proporcionar un hogar a sus propios padres, como era la costumbre.

El mismo día de la boda se celebraban sacrificios a los dioses y banquetes en las casas de las familias de la novia y el novio. Y el encuentro entre los contrayentes se producía al anochecer, cuando el novio, acompañado de sus amigos iba  a buscar a la novia.

El novio, montado en un carro de mulas o bueyes, recogía a la novia y se dirigía hacia la casa del novio, donde la recién casada se encontraba con su suegra, que portaba una antorcha para iluminar el cruce del umbral.

El novio conducía a su esposa hasta el interior del hogar hasta el lugar que seria el centro de su vida en común, donde los dos se arrodillaban inclinando sus cabezas bajo una lluvia de nueces y golosinas (katakysmata ), que eran un símbolo de la prosperidad que el matrimonio llevaría  al domicilio conyugal.

Entonces, la novia era conducida hasta la puerta de la habitación del matrimonio, entre canciones y chistes obscenos. Se consumaba el matrimonio y al día siguiente aparecía la novia, como un miembro más de la nueva familia.

Las dos familias se reunían en casa del novio para participar en una fiesta común, en la que los familiares de la novia llevaban regalos y sobre todo, la dote, en dinero o especias, como garantía de la vida matrimonial.

Pero si el marido moría prematuramente o el matrimonio terminaba en divorcio, la novia estaba autorizada a utilizar la dote para un posible segundo matrimonio. En caso de un segundo matrimonio ya no se celebraban las ceremonias y ritos del primero, ya que esas ceremonias se realizaban en relación  a la virginidad de la novia.

El ceremonial matrimonial en Roma era bastante parecido. Unas ramas verdes o unas guirnaldas blancas en el quicio de la puerta de una casa romana indicaban que en aquel lugar iba a celebrarse una boda. El rito se desarrollaba en dos lugares: la casa de la novia y el hogar del nuevo matrimonio.

La alianza entre los contrayentes se sellaba mediante las arras, aunque poco a poco se fue imponiendo la costumbre del anillo de compromiso, fabricado en hierro, oro o incluso de piedras preciosas, según lo que el novio podía permitirse. Muy a menudo, el novio colocaba el anillo en el dedo anular de la novia sin haberla visto antes. Según Apiano, se elegía el dedo anular por que poseía un nervio que conducía directamente al corazón, que era el órgano más importante del cuerpo.

Para un varon, el paso de la adolescencia a la madurez estaba marcado por un rito público y visible, la investidura de la toga viril, cuando le aparecía al adolescente la primera barba. En cambio, para una adolescente romana, el paso de la adolescencia a la madurez solo se reconocía en la intimidad del hogar familiar el día antes de la boda, cuando estaba preparada para ser fecundada, y por tanto, para casarse, que era la función social básica de toda mujer.

Con frecuencia, el matrimonio ocurría en edades muy tempranas, a partir de los 12 años, en el que se cumplía con lo establecido en el banquete de esponsales.

Como en Grecia, la novia ofrendaba los juguetes de su infancia a los dioses del hogar familiar en el larario o altar domestico, simbolizando un acto de veneración y la voluntad de afrontar una nueva etapa en su vida, dejando atrás su niñez.

 Larario de una taberna de Pompeya.

Seguidamente, la joven se desvestía para ponerse por vez primera la túnica recta, una vestimenta lisa de color blanco. Y antes de acostarse su última noche de soltera, debía cubrirse el pelo con una redecilla de color rojo. Los colores blanco y rojo simbolizaban la virginidad de la joven.
 La boda iba precedida de una lectura de auspicios al amanecer. Se examinaban las entrañas de un animal sacrificado por el padre de la novia. Mientras los invitados comenzaban a llegar a la casa, la novia se volvía a colocar la túnica recta y se la ceñía con un cinturón atado por un doble nudo, el nudo nodus herculeus, en honor a Hercules, que había tenido 60 hijos. Era un símbolo de la virginidad de la novia, pues solo el marido podía desatar el nudo la noche de bodas.

En la ceremonia nupcial propiamente dicha se leían los acuerdos de la alianza de las familias y las capitulaciones matrimoniales pactadas anteriormente ante diez testigos y se escribían en unas tablillas ,las tabulae nupciales. Luego los novios declaraban aceptarlas y se procedía a la unión.La oficiaba la prónuba, una mujer que acompañaba a la novia en todo el proceso y que debía cumplir un requisio, haberse casado una sola vez (univina).Esta mujer procedía a unir las manos derechas de los contrayentes (dextrarum iunctio )tras su consentimiento, con lo que quedaba oficialmente instituido el matrimonio.

 Dextrarum iunctio.

Después, el sacerdote que había leído las entrañas del animal sacrificado invocaba la protección divina para los esposos, que a continuación realizaban su primera tarea como matrimonio: sacrificaban un buey y un cerdo. Con ello se acababa la ceremonia, los invitados felicitaban al nuevo matrimonio y se preparaba el banquete nupcial, que duraba varias horas en las que se cantaban bromas y canciones obscenas.

Al atardecer, el banquete finalizaba y los esposos marchaban juntos hacia su nuevo hogar, la casa del marido. La tradición exigía simular el ancestral rapto de las sabinas perpetrado por los romanos en tiempos de Romulo.La novia se resistía a abandonar el hogar familiar abrazándose a su madre, mientras el marido fingía separarlas a la fuerza.

Los recién casados abandonaban la casa entre un cortejo portando antorchas y cantando canciones obscenas, para ahuyentar los malos augurios y propiciar la fertilidad de la nueva pareja.
Al llegar al nuevo hogar se oficiaban nuevos ritos: la recién casada untaba con manteca los goznes de la puerta, clamando por una unión fértil y fecunda, tras lo cual la recién desposada mostraba una rueca y un huso que portaba, y el marido le hacía entrega de un copo de lana.

Por último se pronunciaba la frase clásica de unión, fidelidad y obediencia: “donde tú eres Cayo, yo seré Caya”.

Desde ese momento la esposa ya podía  entrar en la nueva casa pero sin pisar el umbral, así que la novia entraba en brazos de los invitados, siendo recogida ya dentro de la casa por su esposo. Este le otorgaba los poderes como señora del hogar entregándolo el agua y el fuego, que simbolizaban los principios opuestos, el hombre y la mujer, que integraban el nuevo matrimonio.

Y todo se completaba cuando los conyugues compartían por primera vez el lecho conyugal, en su noche de bodas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario