jueves, 14 de enero de 2016

Colditz: OFLAG IV C. (2ª parte)




 Viene de aquí:

  A su llegada a la estación de ferrocarril de Colditz, no pasaba mucho tiempo hasta que a los prisioneros se les presentaba la primera oportunidad para intentar la huida.

  Desde la estación al castillo, la ruta transcurría por medio de la población de Colditz, y a la salida del pueblo, el camino pasaba por el puente sobre el rio Mulde.Tras los primeros intentos por parte de varios oficiales por saltar el puente y nadar hacia la libertad (aunque ninguno de ellos logro nadar mas de unos cientos de metros antes de ser capturado de nuevo), los guardianes alemanes se tomaron muy en serio esa parte del trayecto y vigilaban a los prisioneros muy de cerca.

 El puente sobre el rio Mulde.

  A principios de mayo de 1941, dos tenientes británicos intentaron huir escondidos en dos viejos colchones de paja. Tras vestirse de civil con prendas militares tintadas e introducirse en los colchones, los tenientes Peter Allan y John Hyde Thompson fueron trasladados al patio por sus compañeros. Uno de los colchones fue colocado en un pequeño carro, mientras el otro permanecía en el suelo.

  Uno de los guardias se percató que el colchón colocado en el suelo tenía una forma un tanto granulosa, con demasiados bultos. Se acerco a él y comenzó a darle patadas. Al darse cuenta que lo que pateaban sus botas no era paja, el centinela alemán llamo a gritos a sus compañeros, que abrieron el colchon, sacaron de el al teniente Thompson y lo llevaron al cuerpo de guardia.

 Teniente Peter Allan,segundo por la derecha.

  Entre la confusión y los gritos que siguieron, nadie se dio cuenta que el carro en el que se encontraba el otro colchón salía por la puerta del Arco transportado por un trabajador forzoso francés, que siguió empujando el carrito hasta salir de las instalaciones del castillo,sin interrupciones de ningun tipo.

  Una vez que se encontraba en campo abierto, el teniente Allan esperó hasta que el colchón fue arrojado a un vertedero. Allan permaneció en el interior del colchón hasta que oscureció.

  Viajando solamente por la noche,Peter Allan, que hablaba alemán casi a la perfeccion, atravesó Bohemia y Moravia hasta que llego a la frontera de Austria.La mayoría del camino lo hizo a pie, aunque en Bohemia pudo utilizar durante 150 kilómetros una especie de tranvía.

  Al pasar la antigua frontera de Checoeslovaquia con Austria, un chofer de un automóvil de estado mayor de las SS se ofreció para llevarle a Viena.

  El teniente Allan se dirigio a  la embajada de Estados Unidos en Viena ,donde comenzaron los problemas serios para el huido.Estados Unidos aun no había entrado en la guerra, y el cónsul estadounidense, que no estaba seguro que el oficial que pedía asilo político era britanico,se negó a ayudarlo y lo expulso de la legación.

  El cónsul sabia que la Gestapo estaba intentando introducir en la embajada agentes que hablaban ingles a la perfeccion, simulando ser oficiales aliados. Si al cónsul se le ocurriera ayudarlos, entonces los alemanes podrían expulsar a todos los diplomaticos americanos en Austria, afirmando que los americanos estaban abusando de sus privilegios diplomáticos ayudando a enemigos de Alemania.

  Cansado y hambriento, el teniente Allan sabía que no tardaría mucho en ser capturado por los alemanes, y decidió entregarse a la policía austriaca, que rápidamente se lo entregó al ejército alemán. El 31 de mayo, el teniente Allan pasaba de nuevo por la puerta del Arco del castillo de Colditz, siendo enviado inmediatamente a una celda de aislamiento.

  El 24 de junio de 1941 llegó a Colditz un contingente de oficiales holandeses.Tras la capitulación holandesa en mayo de 1940,15.000 oficiales y altos funcionarios del ejercito y el gobierno holandés fueron conminados por los ocupantes alemanes a firmar un documento por el que se comprometían a no oponerse de palabra u obra a los ocupantes. Si lo firmaban, eran liberados. Solo 86 de ellos se negaron a firmar tal documento, y todos fueron enviados a Colditz.

Parte de los oficiales holandeses en Colditz.

  Muy pronto se hicieron notar. A pocos días de su llegada,se produjeron 3 intentos de fuga protagonizados por oficiales holandeses, los tres intentos en la misma zona, el parquecillo situado al norte del complejo alemán. Aprovechando que los centinelas alemanes que les custodiaban se quedaban ensimismados presenciando un partidillo de futbol organizado por los propios cautivos, los escapados aprovechaban para saltar el muro que rodeaba el parque.

 El parque,con el muro al fondo.

  El primer intento, el 13 de agosto, el capitán Dufour y el teniente Smit,ambos del Royal Netherlands East Indies Army ,lograron saltar el muro sin ser detectados. Sus camaradas del interior del castillo lograron ocultar su ausencia hasta el recuento de la tarde siguente, aunque fueron capturados el día 16 cuando se encontraban cerca de la frontera con Suiza.

  En los otros dos intentos, los oficiales holandeses lograron saltar el muro, pero fueron capturados en pocas horas ya que su ausencia fue descubierta en los recuentos.

  Tras estos intentos, los alemanes colocaron un tramo doble de alambre de espino sobre el muro del parque y habilitaron una puerta de hierro en el mismo, para poder salir rápidamente si los centinelas observaban algún salto mas.Ademas, colocaron un centinela permanente en la terraza de uno  de los edificios del castillo, con vista directa sobre el parque.


  Por su parte, los holandeses se pusieron a la tarea de resolver el problema que representaban los constantes recuentos de prisioneros. Era esencial darle más tiempo a los fugados,cubirir su ausencia el mayor tiempo posible. Ahí fue donde comenzaron a actuar Moritz y Max.


 Manufacturados por un oficial polaco a base de yeso y cemento robado a unos trabajadores forzosos  que trabajaban en unas obras de aclimatación de la cantina, Moritz y Max eran unos bustos que eran usados como los muñecos de un ventrílocuo. Cada uno de ellos poseía un aro metálico en su parte inferior por el que cabía el brazo de un hombre.

 Cuando se salía al recuento, se le colocaba el cuello de una camisa y una corbata, y se le cosia un capote por los hombros. Sus portadores debían permanecer siempre en la fila central de la formacion, y en el último momento antes del recuento se le colocaba una gorra y un par de botas.



 Moritz,siempre en el centro de la formacion.

  Aunque realizados de manera muy profesional, los oficiales holandeses eran conscientes que el truco solo funcionaba en condiciones de luz escasa, y se negaban  a usarlo en los recuentos de la mañana.

  Al final, Max fue descubierto a primeros de diciembre de 1941 cuando se trataba de ocultar otro intento de salto del muro del parque.

 Moritz sobrevivio a la guerra,no asi Max.

(Continuara…)

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