Viene de aquí:
Carlos de Anjou llegó a las costas de Túnez la mañana del 25 de agosto, justo cuando su hermano, el santo rey francés Luis IX sucumbía a la misma disentería que ya había diezmado a su ejército, que languidecía bajo el abrasador sol del norte de África.
La cruzada había fracasado por completo en su propósito, pero Anjou, sin embargo, logró su objetivo. Mantuvo el asedio de la ciudad el tiempo suficiente para convencer a Al-Mustansir de pagar reparaciones por su resistencia y reanudar el tributo al trono de Sicilia a una tasa anual incluso superior a la anterior.

Muerte del rey Luis IX de Francia.
Lo más alarmante para los aragoneses fue que el tratado que el gobernante hafsída se vio obligado a firmar el 1 de noviembre, que concedía a los angevinos un barrio mercantil autónomo en Túnez, que competía con el de los catalanes.
Sin embargo, la expedición no fue un triunfo absoluto para Carlos. Su flota de invasión fue azotada por una tormenta a su regreso a su base en Sicilia, el puerto de Trapani. Dieciocho de sus barcos se hundieron y muchos otros resultaron gravemente dañados, dejando a su armada fuera de combate por un futuro próximo; un golpe que retrasó aún más sus aspiraciones de invasión de territorio bizantino.
Pero Carlos no permaneció inactivo mientras su flota era reparada. Aprovechó una lucha por la sucesión que había estallado tras la muerte de Miguel II Comneno Ducas, déspota de Epiro, para ocupar Durazzo, dañada por un terremoto, a principios de 1271, lo que le permitió reclamar el título de “Rey de Albania”.
Durazzo se encontraba en el extremo occidental de la Vía Egnatia, la antigua calzada romana que terminaba en las puertas de Constantinopla. Este logro estratégico se vio reforzado por el hecho de que en 1269 Carlos había negociado una alianza matrimonial con el rey Bela IV de Hungría, por la cual la nieta de este último, María, se comprometió con su hijo mayor, Carlos el Cojo.
Asi, en la primavera de 1271, la ruta terrestre para el asalto de Carlos de Anjou sobre la capital bizantina estaba totalmente abierta.
Pero una serie de acontecimientos imprevistos ralentizaron el progreso de sus planes de conquista poco después. En primer lugar, se produjeron enfrentamientos abiertos con Génova a finales de 1272, cuando Carlos comenzó a detener a los gibelinos genoveses en su territorio y a confiscar sus bienes.
El segundo acontecimiento fue más grave. El papa Clemente IV había fallecido en Viterbo el 29 de noviembre de 1268 y, tras un largo paréntesis, Teobaldo Visconti lo había sustituido como Gregorio X el 1 de septiembre de 1271. A pesar de la decepción de la desastrosa segunda cruzada del rey Luis IX, el nuevo pontífice no había renunciado al sueño de rescatar lo que quedaba del reino latino de Jerusalén del azote mameluco y estaba convencido de que las posibilidades de éxito mejorarían drásticamente con el pleno apoyo del Imperio bizantino.

Mausoleo del papa Clemente IV en la basilica de Viterbo.
En consecuencia, buscó activamente subsanar el cisma que había existido entre las Iglesias de Oriente y Occidente de la cristiandad desde mediados del siglo XI. El 31 de marzo de 1272, convocó el XIV Concilio Ecuménico, estableciendo como temas principales la cruzada para liberar Tierra Santa y la reunificación de las Iglesias latina y griega.
Gregorio entonces hizo propuestas al emperador Miguel VIII Paleólogo para la participación de una delegación griega. Las negociaciones se prolongaron hasta 1273 y culminaron en una invitación formal.
Comprendiendo que tales conversaciones podrían ser la mejor manera de evitar una invasión angevina contra él, Miguel aceptó. Mientras se desarrollaba este acercamiento, Gregorio prohibió a Carlos de Anjou iniciar hostilidades contra el Imperio griego.
Así, los planes de expansión hacia oriente de Anjou quedaron nuevamente en suspenso, esta vez indefinidamente.
El Segundo Concilio de Lyon, como se le conoció, se convocó oficialmente el 7 de mayo de 1274 y, después de que los enviados eclesiásticos griegos accedieran a la mayoría de las demandas del papado, se celebró una ceremonia formal de reconciliación el 6 de julio. Un legado papal, Bernardo de Montecassino, viajó posteriormente entre Nápoles y Constantinopla para concertar un acuerdo de reconciliación de un año entre el rey de Sicilia y el emperador bizantino, a partir del 1 de mayo de 1275.
Carlos aceptó porque aún estaba en guerra con los genoveses y los gibelinos del norte de Italia, pero seguramente se sintió algo frustrado al ver que sus planes para tomar el Imperio de Oriente se habían visto frustrados una vez más.
Quizás como consuelo, el papa Gregorio persuadió a María de Antioquía para que vendiera a Anjou su derecho a la corona del Reino Latino de Jerusalén. El papa Gregorio murió en Arrezzo el 10 de enero del año siguiente, pero Carlos concluyó el acuerdo con María el 18 de marzo de 1277 por 1000 libras de oro y una renta vitalicia de 4000 libras tornesas ( moneda de plata acuñada básicamente en Tours, de donde toma su nombre, equivalente a la veinteava parte de una libra, 20 gramos de plata aprox. ), lo que le permitió asumir inmediatamente el título honorífico de Rey de Jerusalén. Poco después, el 7 de junio, Anjou envió a Roger de San Severino, conde de Marsico, a Acre con una flotilla de seis barcos para reclamar el Reino Latino en su nombre como su vicario real.
La muerte del papa Gregorio no supuso ningún cambio en la política papal. Los tres papas que le sucedieron (Inocencio V, Adriano V y Juan XXI) fallecieron en un lapso de dieciocho meses, así que ninguno de ellos tuvo mucha oportunidad de influir en los acontecimientos, aunque Inocencio V sí logró concertar la paz entre Génova y Anjou el 18 de junio de 1276.
Tras la muerte de Juan XXI, quien heredo las llaves de San Pedro el 25 de noviembre de 1277 fue Giovanni Gaetano Orsini,un ferviente antiangevino. Con el nombre de Nicolas III, lo primero que hizo fue prohibir a Carlos de Anjou atacar al imperio bizantino.
Pero la frágil tregua entre angevinos y bizantinos comenzó a desmoronarse con la repentina muerte de Nicolás III en Viterbo el 22 de agosto de 1280, a causa de un ataque al corazón.
El cónclave que debía elegir a su sucesor pronto se estancó entre las facciones francesa e italiana del Colegio Cardenalicio. Después de seis meses, Carlos de Anjou decidió intervenir para forzar un resultado favorable a sus intereses ordenando a sus tropas asediar el palacio papal de Viterbo.
El 22 de febrero 1281, el cardenal Simón de Brion, un sexagenario de escasa estatura que había servido como canciller del rey Luis IX (hermano mayor de Anjou), fue elegido como papa con el nombre de Martín IV. El nuevo papa, un chovinista galo declarado, no tardo en demostrar su predilección por la gloria angevina, convirtiéndose en el mas firme defensor de Carlos de Anjou.
Un mes después de su entronización , el papa Martín organizó una reunión en Orvieto a la que asistieron Carlos, Felipe de Courtenay (yerno de Anjou y emperador latino de Constantinopla) y representantes de la República de Venecia.
El resultado fue un acuerdo secreto para la recuperación del Imperio bizantino de manos del emperador Miguel Paleólogo . El tratado estipulaba que Carlos debía proporcionar unos 8.000 hombres de armas y sus caballos, así como los transportes necesarios. Supuestamente, también estaba obligado a suministrar veinte grandes buques de guerra y cien galeras ligeras, cifra que los venecianos debían igualar. La armada completa debía reunirse en abril del año siguiente.
El 18 de noviembre, el papa Martín IV puso fin oficialmente al experimento de reunificación de ambas iglesias ( la iglesia romana y la ortodoxa griega de Bizancio ) mediante la emisión de una bula papal dirigida a una delegación griega en Orvieto, en la que excomulgaba al emperador Miguel VIII Paleólogo por herejía.
(Continuara…)







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