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| Regno di Sicilia. |
Viene de aquí :
Las ordenes de Carlos de Anjou se cumplieron con una eficiencia inquebrantable, y toda la actividad económica privada paso a estar estrictamente regulada, y se requerían licencias para la importación o exportación de cualquier mercancía.
Por supuesto, los ingresos obtenidos por cualquier forma de intercambio comercial de cualquier tipo estaban sujetos al impuesto.
Los caballeros estaban exentos de la subventio generalis, al igual que gran parte de la alta nobleza, que entonces era mayoritariamente francesa o provenzal . Así que la mayor carga impositiva recaía sobre la población autóctona. La corte complementaba los ingresos fiscales con multas y confiscaciones como castigo por cualquier intercambio comercial no declarado.
Tampoco hubo relajación alguna de las obligaciones de los señores feudales. Carlos exigió que se cumplieran todos los requisitos del servicio militar sin excepción, incluidos los de las operaciones de la flota. Para la mayoría de los hombres de armas, se basó en el servitium militum heredado de la época normanda, que obligaba a cada señor feudal a proporcionar un milites (caballero) por cada veinte onzas de oro del valor de las tierras del señor feudal, junto con un cierto número de sirvientes (sargentos o soldados rasos).
A los nobles que deseaban evitar dicho servicio se les permitía pagar un adoamentum de valor monetario similar. Pero Carlos de Anjou completo los rangos inferiores de su ejército y los barcos de su flota principalmente con reclutas, obligados a prestar servicio. Los agentes de reclutamiento recorrían pueblos y aldeas para encontrar suficientes soldados de infantería para el ejército real y remeros para la armada, reclutando a la fuerza y sin tener en cuenta si el nuevo recluta tenia obligaciones familiares. Al contrario, se enviaba a luchar al extranjero a aquellos reclutas que tenían esposa e hijos en casa, a quienes se podía castigar si el recluta no se portaba bien.
Así, los nuevos reclutas luchaban valientemente, ya que no podían soportar la alternativa de ver destruidos sus hogares o huertos, a sus familias encarceladas o a ellos mismos en el exilio.
Pero no eran solo los elevados impuestos y el reclutamiento forzoso lo que comenzó a enfurecer a los italianos del Regno que vivían bajo el control angevino.
Sobre todo los sicilianos sentían estar oprimidos por una potencia extranjera. El dominio ejercido por la jerarquía armada francófona constituía una afrenta especialmente ofensiva para los sicilianos.
La negativa de Anjou a tomar en consideración a la pequeña nobleza y la elite urbana de la isla convenció los nobles sicilianos que su isla no era más que una fuente de grano para financiar las campañas militares de Anjou en el extranjero.
Al mismo tiempo, los elevados impuestos recogidos por Anjou no generaban inversiones en Sicilia. Por ejemplo, Carlos de Anjou amplio y mejoró los puertos de Brindisi y Trani, en Apulia, pero descuidó por completo los puertos de Palermo y Messina.
Todo contribuyo a crear una explosiva atmósfera de resentimiento y animosidad siciliana contra el ocupante angevino, que no tardaría en estallar de forma sangrienta .
Incluso antes de la batalla de Tagliacozzo, era evidente que las ambiciones de Carlos de Anjou iban mucho más allá de los límites del Mediterráneo occidental. Carlos tenía aspiraciones mucho mayores que el Reino de Sicilia.
En mayo del año anterior (1267) se había reunido con Balduino II de Courtenay, el emperador latino exiliado de Constantinopla, en Viterbo, bajo los auspicios del papa Clemente IV.
Aparentemente, el propósito era lograr la restauración de Balduino al trono de Bizancio, pero el precio que este último se vio obligado a pagar por el apoyo angevino evidenció la verdadera intención de Anjou: reclamar la corona del Imperio de Oriente para sí mismo .

Balduino II viajaba frecuentemente a Europa, siempre andaba escaso de fondos.
Balduino llegó a la conferencia de Viterbo prácticamente sin recursos militares ni económicos y, por lo tanto, con escaso poder de negociación. Esto se debia a que había sido derrocado inesperadamente del poder por el ejército griego del emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo de Nicea en julio de 1261, en curiosas circunstancias.

Miguel VIII Paleologo, el ultimo gran emperador bizantino.
Alexios Strategopoulos, general de Miguel, dirigía una pequeña fuerza que pasaba por la ciudad imperial camino a la frontera búlgara, cuando algunos lugareños le alertaron de que la mayor parte de la guarnición latina y el grueso de la flota veneciana habían desaparecido, supuestamente en una expedición para capturar Dafnusia (la actual Kefken), una isla en el Mar Negro, a unos 100 km al este del Bósforo.
Estos aldeanos griegos también le hablaron de un pasadizo subterráneo que conducía a la ciudad. Así pues, durante la noche del 24 de julio, Strategopoulos ordenó a algunos de sus soldados de mayor confianza que se infiltraran y eliminaran a los guardias de las murallas y de las puertas.
Para cuando Balduino despertó a la mañana siguiente, el derrocamiento era un hecho consumado. Logró resistir en el Palacio de Blachernae el tiempo suficiente para que la flota veneciana, que regresaba, lo rescatara y abandonara la capital bizantina a sus antiguos amos griegos.
En consecuencia, Carlos de Anjou se aprovecho de la debilidad negociadora de Balduino y pudo obtener algunas concesiones muy generosas por su colaboración, en forma de un ejército de al menos 2.000 caballeros.
Estas concesiones incluían la soberanía del Principado de Acaya (el norte del Peloponeso) y del Reino de Tesalónica (Macedonia y Tesalia), junto con un tercio de cualquier otro territorio que el ejército angevino pudiera conquistar para él, con la excepción de la propia Constantinopla.
A Carlos también se le concedió formalmente el control de la costa adriática entre Durazzo y Corfú. (Anjou había reclamado previamente la isla por derecho de conquista como dote de Helena, la esposa de Manfredo, a quien mantenía cautiva desde la batalla de Benevento).
Más importante aún, Balduino consintió en que Felipe de Courtney ,su único hijo y heredero, se casara con Beatriz, hija de Anjou, con la condición de que, si Felipe fallecía sin descendencia, Carlos de Anjou se convertiría automaticamente en emperador del imperio bizantino.
La boda no tardaría en celebrarse, el 15 de octubre de 1273, pocos días antes del fallecimiento de Balduino, quedando el titulo imperial en manos de Felipe, nuevo yerno de Carlos de Anjou.
Carlos tenía previsto emprender su expedición de conquista de Constantinopla en el verano de 1270, pero la pasión de su piadoso hermano por impedir que lo que quedaba del Reino Latino de Jerusalén fuera engullido por la amenaza mameluca frustró sus planes.
El sultán Baibars I de Egipto había capturado Cesárea el 5 de marzo de 1265, seguido de Arsuf en abril. Había destruido Jaffa a principios de la primavera de 1268 y aniquilado Antioquía el 18 de mayo.

Baibars, de esclavo a sultan de Egipto.
Para entonces, el rey Luis IX ya había renovado sus votos cruzados y había comenzado los preparativos logísticos para una nueva expedición a Tierra Santa, que incluían contratos de alquiler de barcos con las principales potencias marítimas del Occidente cristiano: Marsella, Génova y Venecia.
Era inevitable que convocara a su hermano menor para que se uniera a él. Así pues, la flota que Carlos había comenzado a reunir en los puertos de Campania y Apulia para la conquista de Constantinopla tuvo que ser redirigida para servir a la Octava Cruzada.

Luis IX embarcando para la 8ª cruzada.
Con la esperanza de obtener alguna ganancia económica o territorial , Carlos logro desviar momentáneamente la atención de su hermano de los sucesos en Palestina al norte de África, afirmando que Túnez seria un excelente punto estratégico para el ataque a El Cairo, la capital de los mamelucos.
Tambien se rumoreaba que el verdadero interés de Carlos de Anjou en el norte de África era recuperar el tributo que el sultán de Túnez habia pagado anualmente al rey de Sicilia desde la época de Roger II, consistente en más de 25.000 besantes ( moneda de oro bizantino, equivalentes a algo menos de 3.000 onzas de oro anuales ), una enorme suma de oro que contribuiria enormemente a subvencionar la campaña de Anjou contra lo que quedaba del imperio bizantino.

Roger II, rey normando que conquisto Sicilia.
(Continuara…)









